Fusión de culturas se desvanece

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Margalit Matitiahu ha dedicado su vida al rescate y conservación de su lengua materna, el ladino, un dialecto del español con fuertes influencias del hebreo. En 1492, Isabel y Fernando, los reyes católicos, expulsaron a los judíos de su reino, para entonces el castellano era aún una lengua romance.
Este dialecto varía del español en la fonética de algunas letras como la g, j, v; contiene muchos vocablos que se desarrollaron luego en el italiano, francés, español, o lo que nosotros llamaríamos arcaísmos, y por supuesto un fuerte sustrato del hebreo.
Matitiahu expuso que su estudio tuvo como base los diarios y libros que su madre llevó de Tesalónica, Grecia, a Israel, y durante el mismo concluyó que además de la lengua hablada, de uso común, existía el lenguaje periodístico, sin influencias de otras lenguas, el religioso, cuya base era el hebreo, con frases que intercalaban los dos idiomas, además del literario, que incluía términos de varias lenguas.
En su tarea por la difusión del ladino, Margalit dirigió un programa de radio en dicha lengua, en el que se discutían temas cotidianos, de cultura y literatura, siendo esta transmisión un canal de conocimientos para las comunidades ladinas radicadas en Israel durante 25 años.
Esta lengua cuenta con apenas 200 mil hablantes, pero posee una gramática, literatura y se esfuerza por sobrevivir en comunidades ladinas en Grecia, Marruecos, Israel, España y otros lugares. Aunque lingüistas españoles e israelíes han estudiado la forma de ajustarlo al español, han concluido que debe conservar su fonética actual y traducirse como cualquier otro idioma.
Margalit ha escrito 15 libros, la mayoría de ellos en ladino y junto a su hijo, produjo dos videos que relatan la vida de los sefardíes o judíos españoles en España y la riqueza de ambas culturas.

La kaza de la noche

Son las tres después de media noche,
los dientes van mashcando palavras
ke destorban el selensio.

El tiempo se trespiza.

Un temblor pasa entre las párparas.

La noche es un governante misteriozo
que poza su puerpo pezgado
asta ke lo sigue el ruido de la luz.

Las palabras

Las palabras
se han convertido en madejas.
Yo las devano,
las rodeo
hasta que pierden su sentido
y enloquecen de no ser.
Yo las amaso de nuevo,
y les doy la vida:
nacen para ser mi pan,
nacen para ser mi vino,
no se arrugan
en el tiempo
de la eternidad.

Escritora y poetisa isarelí
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