Comentario crítico de La bella durmiente de Slawomir Mrozeck

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El relato es una recreación del cuento clásico La bella durmiente. En 1683 se publicó una versión escrita por Charles Perrault, sin embargo también existe otra de los hermanos Grimm, publicada en 1812.

Jakob y Wilhelm buscaron recopilar las leyendas orales de la comunidad y escribirlas para preservar la tradición. Esto dio como resultado una serie de relatos con características propias de la leyenda, como el lirismo, dramatismo, fantasía, cultura, oralidad y cierta moralidad que era parte del ideario de la comunidad (1). Los volúmenes requirieron serias modificaciones, pues la intención original no era escribir cuentos infantiles, sino exaltar la tradición conforme a los postulados románticos, el espíritu del pueblo y la poesía, por ello mostraban la cruda realidad medieval que se había vivido en Alemania, así como castigos severos propios de aquella época (2).

Lo anterior y la forma rústica de la redacción, motivó varias modificaciones hasta que el público aceptó las versiones finales, popularizándose en muchos países del mundo a través de traducciones. Pero, fue hasta 1959 que esta historia fue llevada a la pantalla grande por una empresa de entretenimiento norteamericana. Desde entonces, cobró furor entre niños de todas las generaciones y de todas partes del mundo, tal como un producto comercial.

Es necesario resaltar que el espíritu tradicional de estos cuentos no puede apartarse de ser el reflejo de cierta sociedad, que en este caso era originalmente medieval y que su intención didáctica pretende ser un modelo ideal, en alguna medida, para el público lector.

La teoría marxista de Lukacs que indica que “la obra es un reflejo de un sistema en evolución, que revela las contradicciones subyacentes del orden social” (Selden:1997), lo que podría indicar que este es un relato que busca mostrar la evolución de los personajes dentro de sus roles sociales.

A pesar de que el cuento de Mrozek es un relato ficcional, está basado en la realidad social que dicta parámetros establecidos por la colectividad, al igual que los relatos de los hermanos Grimm o los de Perrault.

En el cuento al que nos enfrentamos también es posible identificar las estructuras mentales a las que ven sujetos los personajes. La durmiente era bella y juiciosa, estaba convencida de que la felicidad era sujetar a su salvador para siempre, aceptaba, aunque no entendía, las razones del Príncipe Errante, no era feliz porque no estaba segura de que su amado se quedaría con ella, pero sentía pena por las necesidades del príncipe a pesar de tener las propias.

En cuanto al reflejo o modelo social que este personaje representa, se enmarca en el de la mujer que espera, guardándose para el príncipe que deberá darle un beso de amor, al que ella responderá quedándose con él para siempre sin importar nada, es decir, una mujer predestinada a ser buena y comprensiva, sin desear nada más que ser la pareja de alguien. Un prototipo clásico de sociedades conservadoras o sujetas a la religión, modelos que la modernidad empieza a rechazar.

Así, el cuento perfila una tipología social, y el autor no necesita una descripción exhaustiva o fotográfica para lograr el efecto de realidad, sino comunica las emociones de la protagonista y logra la empatía con el lector.

En cuanto a la contraparte o protagonista masculino, podemos decir que es guiado por sus impulsos naturales, no espera tener una relación exclusiva, teme al aburrimiento, tiene buenas maneras, no le interesa el futuro de las bellas durmientes a las que despierta, sabe que su destino es seguir errante, está consciente de que la delimitación de su papel en su universo solo funciona hasta cierto punto y luego se contradice, expresa la inconformidad con el sistema, sin embargo, el rol de la bella, la verdad o la predestinación no son importantes para él.

El paradigma de la masculinidad que esboza el autor podría plantear cierta evolución de la sociedad en contraposición del hombre de familia que se establecía al tener hijos y esposa, propio de épocas pasadas, y nos presenta un hombre más liberal y desenfadado. Podría tratarse del tipo del eterno adolescente, aquel que no siente la necesidad de comprometerse, sin ser necesariamente machista.

Los personajes también tienen una relación antagónica, no en el primer plano, sino en el carácter social de sus roles, pues ella está dispuesta a ser una mujer de acuerdo a los parámetros machistas, que ella sí acepta, mientras los rechaza. En un acto de bondad, ella lo deja libre. Y en un acto de total libertad, él se marcha.

Podríamos presenciar entonces no una lucha de clases, sino de género, lo cual representa una dicotomía social que debe resolverse por medio del establecimiento de nuevas relaciones de poder, lo que podría indicar una sociedad en evolución.

En este caso en particular, si bien los personajes están conscientes de que los papeles que el autor les asigna no les complacen, debe señalarse que el desenlace no indica una evolución. La metáfora a mi criterio no va en línea ascendente, sino circular. Los personajes dejan su papel tradicional para buscar un nuevo destino, solo para caer en un reinicio que los llevará a recorrer el mismo rumbo.

Bibliografía

1 http://www.alonsoquijano.org/cursolf/mod2/recurs/ARX/grimm.htm

2 http://www.ovejaselectricas.es/2008/03/los-macabros-cuentos-de-los-hermanos.html

Selden, Widdowson y Brooker, 2004. La teoría literaira contemporanéa. España. Ariel S. A.

La bella durmiente

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