Cuentos

La madre de los monstruos

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Fiesta de agosto

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Una de las celebraciones más importantes de la Ciudad de Guatemala es la del 15 de agosto. Alrededor de esta festividad patronal giran la devoción, la diversión y la alegría, no solo de los que viven en la capital sino en la provincia y hasta del extranjero. Esta conmemoración se lleva a cabo desde 1801 en la Ciudad de Guatemala, en la zona 2, en honor de la Virgen de la Asunción.

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El gato en las letras

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A dónde van los gatos por las noches? Esta pregunta tal vez pueda responderse de dos formas. La primera es la más lógica y aburrida. La segunda es la que da paso al mundo místico y literario de esos felinos nocturnos.

Los gatos y la Literatura no solo se relacionan en los cuentos infantiles o de brujas. Su relación es más profunda. Podría decirse que es como en el antiguo Egipto, en donde eran motivo de veneración, y quien los dañara podía recibir la pena de muerte. O al estilo de la sociedad romana, en donde eran considerados una mascota exótica y de lujo.

¿Por ser seres libres o por ostentar un ego superior? No hay certeza, pero la relación entre escritores connotados y estos felinos domésticos ha quedado registrada no solo por anécdotas, sino, incluso, les han dedicado algunas letras.

La psicóloga Silvia Palma afirma que  los rasgos de “personalidad independiente, egocéntrica, interesada en el amor condicionado del gato lo hacen ser  un ser creativo,  al igual que el escritor acostumbrado a expresarse libremente”.

Famosos

Cuando el argentino Julio Cortázar iba durante el verano a su casa de Francia, esperaba la visita de Teodoro W. Adorno, un gato “sucio y canalla” que vivía entre la basura. “ (He) escrito casi nada sobre gatos, cosa más bien rara porque gato y yo somos como los gusanitos del yin y el yang interenroscándose”, escribió. Lo cierto es que los gatos no son de nadie, sino de ellos mismos, de tal forma que Cortázar también sufrió por el desprecio que se mereció haberlo dejado por siete meses. ¿Y el Tao, y los amores, y esa manera de jugar con las pelotas de papel que hacíamos con los suplementos dominicales de La Nación?

Beppo fue el gato de Jorge Luis Borges. Se dice que lo seguía hasta a la cantina y le gustaba jugar con los cordones de sus zapatos. Un díaBeppo se miraba en un espejo y creía ver otro gato, posiblemente a un rival. Eso motivó a Borges a escribir el poema El gato blanco, publicado en el libro La cifra, en 1981. El gato murió después de 15 años de amistad con Borges.

Pleito legal

Ernest Hemingway es un caso especial que llega hasta nuestros días. Él tenía un gato con seis dedos en una pata delantera llamado Bola de nieve. Al morir el escritor, el felino se había reproducido y varios de sus descendientes se quedaron a vivir en la casa de Key West, Florida, que hoy está abierta al público como un museo.

En el 2012, unos 40 gatos “perdieron un litigio” contra la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, pues un visitante denunció que estaban descuidados, por lo que el dictamen indicó que debían ser enjaulados  por agentes del Departamento de Agricultura  para su protección, pues forman parte de la exposición de la casa del Nobel.

El recientemente desaparecido escritor mexicano Carlos Monsiváis gozó durante su vida de la compañía de unos 30 gatos, a los cuales consentía cuales niños. Al enfermar, el médico le prohibió tenerlos, debido a que padecía enfisema pulmonar, por lo que decidió mudarse.

Junto a su esposa creó una organización civil llamada Gatos olvidados, que funciona en la Ciudad de México.

Terroríficos

En su particular estilo, Édgar Allan Poe también inmortalizó a su gata Catarina, en la que se inspiró para escribir el cuento El gato negro, que relata cómo, luego de haber matado a su gato, Plutón, otro casi idéntico lo hace delatarse a la Policía, luego de haber cometido un crimen.

Aunque el prolífico escritor estadounidense Stephen King habla poco de su vida personal, se sabe que tiene varios gatos como mascotas. Además, los conocedores de su obra afirman que siempre aparece la figura felina en sus relatos. Al igual que Allan Poe, King lo introduce en el relato como un animal con características sobrenaturales.

Perfecto

Es Pablo Neruda quien le dedica una Oda al gato, al que asigna la categoría del ser más perfecto de la creación. “Mínimo tigre de salón, (…) todo es inmundo para el inmaculado pie del gato”.

Publicado el 15/09/13 – 00:00 REVISTA D, Prensa Libre.

 

Me consume

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El suspiro, hijo de la posibilidad

El nacimiento tácito del quizá

La emoción al convertirse en azar

Se apilan en los párrafos de la ilusión, en las entrañas de lo postizo. Y parten.

Se llevan la sonrisa

Arquean las cejas

Habitan el estómago vacío

Y

Muero y vivo bajo su dominio

Maldición que ata. Ruina pasmosa

Mi monstruoso y apabullante Amén.

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Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, por Lauro Zavala

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La minificción es la narrativa que cabe en el espacio de una página. A partir de esta sencilla definición encontramos numerosas variantes, diversos nombres y múltiples razones para que sea tan breve.
 
En estas notas presento un breve panorama sobre el estado actual de la escritura de minificción y sobre las discusiones acerca de este género proteico, ubicuo y sugerente, que a la vez se encuentra en los márgenes y en el centro de la escritura contemporánea. Aquí conviene señalar que aunque el estudio sistemático de la minificción es muy reciente, pues se remonta a los últimos diez años, su existencia en la literatura hispanoamericana se inicia en las primeras décadas del siglo XX. Por esta razón, la mayor parte de las reflexiones y observaciones presentadas a continuación se derivan del estudio de las antologías y los concursos de minificción, en cuya tradición los escritores y editores hispanoamericanos se han adelantado en varias décadas a otros muchos lugares del mundo. La tesis central de estas notas consiste en sostener que la minificción es la escritura del próximo milenio, pues es muy próxima a la fragmentariedad paratáctica de la escritura hipertextual, propia de los medios electrónicos.
 
Los problemas que enfrenta la minificción en relación con la teoría, la lectura, la publicación, el estudio y la escritura son al menos los relativos a seis áreas: brevedad, diversidad, complicidad, fractalidad, fugacidad y virtualidad. A continuación me detengo en cada uno de estos problemas señalando algunas de las conclusiones a las que se ha llegado durante los últimos años y algunas de las áreas que podrán ser exploradas con mayor profundidad en el futuro inmediato.
 
 
Brevedad
 
En su introducción a una antología de narrativa experimental publicada en 1971 con el título Anti-Story (El anti-cuento) Philip Stevick incluye como una de las formas más arriesgadas de experimentación la escritura de narrativa extremadamente breve, aquella que no excede el espacio convencional de una cuartilla o una página impresa. Durante los últimos veinte años esta forma de escritura ha dejado de ser algo marginal en el trabajo de cualquier escritor reconocido o un mero ejercicio de estilo. En su lugar, la minificción es cada vez con mayor intensidad un género practicado con entusiasmo y con diversas clases de fortuna por toda clase de lectores. En el momento en el que está agonizando el concepto mismo de escritores monstruosos o sagrados, surgen en su lugar múltiples voces que dan forma a las necesidades estéticas y narrativas de lectores con necesidades igualmente múltiples, difícilmente reducibles a un canon que señale lo que es o puede llegar a ser la escritura literaria.
 
En otras palabras, el espacio de una página puede ser suficiente, paradójicamente, para lograr la mayor complejidad literaria, la mayor capacidad de evocación y la disolución del proyecto romántico de la cultura, según el cual sólo algunos textos con determinadas características (necesariamente a partir de una extensión mínima) son dignos de acceder al espacio privilegiado de la literatura.
 
La utilización de textos literarios muy breves, por otra parte, se encuentra entre las estrategias más productivas de la enseñanza, lo cual tiene una clara raíz de tradición oral. El cuento muy breve está siendo revalorado por su valor didáctico en los cursos elementales y avanzados para la enseñanza de lenguas extranjeras, y en los cursos elementales y avanzados de teoría y análisis literario (L. Zavala et al., en prensa). En una hora de clase se puede explorar un texto muy breve con mayor profundidad que una novela o una serie de cuentos.
 
En general, los textos extremadamente breves han sido los más convincentes en términos pedagógicos en la historia de la cultura. Este es el caso de las parábolas (bíblicas o de otra naturaleza), los aforismos (M. Satz 1997), las definiciones (L. Deneb 1998), las adivinanzas (M. Mejía Valera 1988) y los relatos míticos. Su propia diversidad y su poder de sugerencia pueden ser probadas al estudiar la multiplicación de antologías y estudios de estos géneros de la brevedad. Tan sólo en el caso de los mitos, recientemente se ha llegado a comprobar la universalidad del mito de la Cenicienta, cuya estructura narrativa es más persistente aún que la del mito de Edipo, pues constituye un relato breve característico de casi toda estructura familiar (A. Dundes 1993).
 
También en los años recientes hay un resurgimiento del ensayo muy breve, para el cual se utiliza simplemente la palabra Short (Corto) (J. Kitchen 1996). Y otro tanto ocurre en el caso del cortometraje, los videoclips y la caricatura periodística. Los textos ensayísticos de brevedad extrema de escritores como Jorge Luis Borges, Virginia Woolf y Octavio Paz son una lección de poesía, precisión y brillantez que compiten con los textos más extensos de los mismos autores. Tal vez esto explique también el resurgimiento de otros géneros de brevedad extrema, como el Hai Ku (W. Higginson 1985) y los cuentos alegóricos de las distintas tradiciones religiosas (derviches, budistas, taoístas, etc.).
 
Tomado del sitio: Nalgas y libros

Un hombre que no podía dormir, José María López Valdizón

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Dejen dormir…se los repito: sólo dormido encuentro consuelo. ¿Me entienden? Ahora no estoy listo para oírlos, Cállense por lo que más quieran… La noche les pellizca la lengua a los habladores.

Me hace daño la falta de reposo. Enfermo de alucinaciones. De veras…, me vienen los dolores a la memoria… Esos dolores de alma que quiero olvidar. En cambio, dormido, me siento otro. Voy a dar al mar de la risa, donde todos los llantos desembocan. Por algo les pido que se callen. Quiero estar en paz de la noche. En esa quietud ciega que nos devuelve a lo que realmente somos. No es necesario que lo explique. De sobra lo saben. En la iglesia, donde recogía mi río de lágrimas. Es cierto. Jamás lo negué. Ustedes me salvaron pero no sigan martirizándome por eso. Ya se los agradecí lo suficiente. Me devolvieron la tranquilidad al espíritu. Lo reconozco. De lo contrario estuviera ahora lejos, lejos, del otro lado de la vida. Y se los dijo el cura: “Ahora, perdónenlo como lo perdono yo”. Lo dijo al clavar sus ojos en ese crucifijo que está en la repisa, sobre mi cabeza.

Sé bien que moriré. El cura también lo dijo. Ustedes dirán ahora que no por mera hipocresía. Mas, así lo dijo él antes de irse al diablo llevándose todos los secretos de mi vida para su remordimiento.

Según el cura yo no sabía nada. Por eso vaciló cuando le herí los ojos con el pedernal de mis ojos. Se fue poniendo pálido y me gritó: “¡Animal, te irás al infierno de cabeza!”. ¡Mejor no se hubiera desembuchad! Por la mollera cruzó mi duda como sombra de pecado. ¿Y si no fue él? ¿Y si no fue él? Me sentí flojo. Eso que me lo confesó la Domitila antes de alumbrar ese hijo de nadie que nos deshonra. ¿Oyen los zancudos? Eso parecen ustedes con su cuchicheo necio, Mejor recójanse entre ponchos y no hablen más. Miren en la noche debemos cerrar los ojos para ver nuestro corazón. Todas las noches hay que mirarlo para asegurarnos de que palpita. Por eso la noche es oscura. La luna, esa gracia en el cielo no se encontrarían las manos para buscarse en el deseo la simiente de los hijos. A mí hace tiempo que se me acabó. Ya no tengo luna. No la veo aunque cierre los ojos, no la veo aunque deje caer todas las hojas secas de mis entristecidos párpados.

Duérmanse. Mañana será otro día para ustedes, para mí, otro dolor, Dejen que ruede el mundo, que nadie lo detenga en su camino. Ni el cura, con todo y sus milagros, tiene derecho a eso. Y que me vaya yo no es muestra de que se esté acabando. El mundo siempre será mundo. Lo mismo les he dicho siempre, no olviden, por lo que más quiera. Mañana volveré a repetírselos, Los antelados lo repitieron sin cansarse: El mundo siempre será mundo.

Bueno, ¿y ustedes porqué no le alegaron al cura ese? ¿Pobre la Domitila! ¿De quién será su hijito? Lo malo es que ahora sí hablan, hasta por los codos. Cállense mejor. ¿No se cansan? ¿Hasta parece que rezaran!

Cuando iba a llegar el cura a mi catre se los pedí: “Que no venga ese, háganlo por ustedes muchachos locos. Al cielo, al infierno, o al purgatorio que vaya, no los olvidaré”. Recuérdenlo. “Debajo de luna estaba yo –les dije-, y entonces vinieron ustedes chillando hasta por no dejar. Chillando en vez de reírse del gusto de nacer”. Así les dije para que no trajeran al cura. Todavía me acuerdo. Y me acuerdo porque ustedes son educados y saben ganarse su guacal de frijoles y sus tortillas con chile, Siempre fueron obedientes y me quisieron mucho, lo sé, pero no me atormenten ahora con su habladora en letanía: ya hasta parece que repitieran la pasión del Nazareno; aunque no es posible que se les haya quedado el manuscrito de tanto oírme repetirlo para Semana Santa. Yo tardé cuarenta años en aprenderlo. Se lo oí al abuelo, se lo oí al tata y se lo oí al tío Braulio durante cuarenta años. ¿Cuarenta años! Créanme que he tenido mucha devoción por recitar las siete horas que demora uno en decir toda la pasión del Nazareno. Per no hubieran traído al cura porque yo no quería, Por primera vez no me obedecieron. Él es buena gente, no me opongo a lo que todos dicen, pero a nada vino. _Si uno se ha de morir, entre menos molestias mejor, Al fin y al cabo nos volveremos tierra. Nos volvemos polvo y en polvo nos perderemos entre las nubes de tierra que vivimos respirando para no ahogarnos por falta de aire. Po eso les he dicho que los antepasados están con nosotros, los oímos en el grito de todos los animales, cuando los animales lloran, ríen o platican. Todo se vuelve alimento. Todo es para que nosotros perduremos. Pero no hubieran traído al cura. Al verlo entrar me sentí hecho hárganas. Me asusté. Y no fue pequeño el susto. También eso me dio sueño. ¿Para qué se llevó a la Domitila a su cocina? La pobre niña se perdió en el camino. Lo sé. Por eso lo culpo. El mundo es.

No por otra cosa me quiero dormir. Hace rato que les estoy rogando que se callen. Sé bien que sólo dormido me entra el sosiego. Por el bien se los vengo pidiendo, ya saben que no me gustan los regaños. Si tienen mucho que contarse mejor guárdenlo para mañana. Las mujeres, con ser tan habladoras, se duermen apenas miran el catre; su sueño es dormir. Y ustedes que son hombres, al menos deben entender porque lo pide su tata. Al tata hay que entenderlo. Yo nunca he dejado de comprenderlos a ustedes. ¿Oyeron? ¡Hagan silencio! ¿Oyeron? Ya casi me espantaron el sueño. Me hace daño no cerrar los ojos. Me vienen esos dolores que quiero olvidar.

-¡Cállenseeeee! ¡Cállenseeeee! No oyen. O no hacen saso. Siguen como si nada, habla que habla, A ratos hasta parece que bebieran guaro, café o ponche de melocotón. Y huele mucho a flores de suquinay. Creo que de veras están rezando. Lo que más me molesta son las estrellas; estas cuatro estrellas que me rodean como candelas de velorio. Hace calor. No me siento en paz. Seguro que estoy metido entre un estrecho cajón de pino. ¿Me habré muerto ya? ¿Estaré muerto ya?… Nunca podré saberlo. ¡Nunca! ¡Nunca!

 

 

Mujeres guatemaltecas sobresalientes en la literatura del Siglo XIX

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Desde el año de 1492, cuando los descubridores llegaron a  América hasta bien entrado el siglo XIX, lo que hoy conocemos como Guatemala, sufrió muchos cambios, ajustes y reajustes sociales que dieron como resultado el país que hoy conocemos.

La literatura guatemalteca dio a luz a poetas y narradores que retrataron la sociedad y nos legaron su visión estética de la misma a través de su obra. Aunque la nuestra siempre fue una sociedad en la que reinaba el machismo, las mujeres también alzaron su voz poética. Claro que fueron pocas en número y su obra no sobrevivió al tiempo, algunas muestras pueden darnos luces acerca de su temática, preocupaciones, forma de ver la vida y sus anhelos.

Este trabajo tiene como objetivo dar una vista general acerca de ellas. A pesar de que no pueden clasificarse con las características de una generación, bien pueden estudiárseles desde la perspectiva de una estética femenina.

 Sor Juana de Maldonado y Paz

Nació en Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1598 y murió en 1666, hija del Oidor de la Real Audiencia, Juan de Maldonado, es decir un juez que respondía directamente a España. El calvario de esta joven de renombrada belleza física y habilidades artísticas variadas inició cuando ella, su primo y su padre se prestaron como modelos para una pintura de Antonio Montúfar, quien los pintó como Santa Lucía, San Esteban y Juan el Bautista. La iglesia los señaló de suplantadores cuando los cuadros empezaron a usarse en las procesiones y a venerarse. La solución acostumbrada a los problemas de las jóvenes en aquellos tiempos era refugiarse en los conventos, así Juana fue aceptada en la residencia de la Concepción.

Así nació la leyenda de la divina reclusa, que vivía a todo lujo en su apartamento propio anexo al convento, de siete habitaciones, seis criadas y rodeada de piezas de arte de oro y planta, traídas de todo el mundo, tocando toda clase de instrumentos y deleitando a sus ilustres visitantes con sus versos y su voz.

En su momento, el historiador irlandés Tomas Gage, describió la belleza y talento de la que  llamó la novena musa. Ernesto Chinchilla Aguilar encontró en los archivos de la Inquisición de México, la denuncia contra ella y su familia. José Joaquín Pardo halló el documento en el Archivo General de Guatemala en el que el Rey le otorgaba a ella una pensión vitalicia por el trabajo de su padre. Ricardo Palomo Toledo anunció el hallazgo del contrato de compraventa del apartamento ocupado por la monja y luego en 1958, dio con el voto que ella firmó al ordenarse. Todos los datos anteriores desmienten la opinión generalizada que indicaba que Gage había inventado la historia de sor Juana, al igual que hizo con otros sucesos.

Pero el descubrimiento más importante para el hacer literario de Juana, fue el de Luz Méndez de la Vega, en el Archivo de México nuevamente; allí se topó con un cuaderno fabricado con papel del siglo XIX, que contenía una antología de poesías coloniales. Identificó la ortografía como del siglo XVII. Entre los escritos figuraba “El entretenimiento en agradecimiento de la guida a Egicto”, una obra de teatro que relataba la huida de Jesús, José y María ante la amenaza de Herodes. Datos aportados por el texto indicaban que sería representado en el convento de la Concepción y otros detalles  la ubican en la época de la monja.

La calidad de dicho texto ha sido reconocida por los expertos y atribuida a Juana. “Es un verdadero entramado de planos distintos que produce un texto original que, si bien abreva en el teatro medieval europea, se muestra con notables diferencias, acentuadas por las características culturales guatemaltecas, Esto refuerza la idea de una cultura del nuevo mundo filtrándose por los resquicios de la cultura del viejo mundo”, escribe Iride Rossi, profesora argentina, autora del libro de La palabra oculta, monjas escritoras en la colonia.

Octabas para la maternidad

Estrella vibrante

Que al oriente asoma

Tu diste la luz

A la tierra todas

Porque tu nos distes

Bellísima aura

Al sol de justicia

Que nuestra alma goza

 

Rompiendo tinieblas

Destrullendo sombras

Trajiste al mundo

La divina antorcha

Antorcha es Jesús

Pues su luz ermosa

Trasciende a las almas

De quien le adoran

 

Oh Virgen y Madre

Mi Acina y Señora

De la eterna gloria

Por eso cantamos

Con vos armoniosa

Salve Virgen Madre

Misericordiosa

 

Jesús Laparra

Nació en Quetzaltenango, el 14 de octubre de 1820, hija de Nicolás Laparra y Desideria Reyes. En 1840, el Estado de los Altos fue invadido por Carrera, por lo que la familia entera se mudó a Comitán, Chiapas. Allí fundó una escuela de oficios domésticos para niñas. Murió el 16 de enero de 1887.

En 1854 volvió a Quetzaltenango y colaboró en periódicos y revistas, especialmente en El ideal, fundado por su hermana Vicenta Laparra. Se le conoció como “Poetisa mística”, probablemente por su tendencia a temas religiosos.

Entre sus obras están:

1854 “Ensayos poéticos”, poemario

1880 “Decenario del niño Jesús”, temas religiosos

1884 “Ensueños de la mente”, poemario

Algunos de sus poemas los reproducen los libros “Poesía femenina guatemalense”  y “La antología de poetas guatemaltecos”.

A mi hermana Vicenta

Por eso allá desde tu edad primera

Tu pobre corazón se hizo pedazos

Te circundó de espinas por doquiera

Y descargó la cruz sobre tus brazos.

Vicenta Laparra de la Cerda

Nació en Quetzaltenango el 5 de abril de 1831 y murió en la capital de Guatemala el 29 de enero de 1905. Quedó huérfana a los 6 años y bajo la tutela de su hermana mayor Jesús Laparra. Tenía cualidades artísticas, destacó como solista en el bel canto. Fue directora del Colegio Nacional de Señoritas en San José, Costa Rica y fue fundadora del primer colegio de párvulos. También trabajó en el campo periodístico, fundó los periódicos La voz de la mujer en 1885, El ideal en 1887 y la revista de La escuela normal en 1894, en las que incluía a mujeres tanto en la dirección como en la redacción. Así mismo se le reconocen acciones a favor de la raza indígena, desde la perspectiva pedagógica. Fue la precursora del teatro nacional y la primera mujer en poner en escena su producción dramática. Se presentó con éxito en el teatro Colón. Su producción literaria es significativa, desde novela, novela corta, dramas, comedias de un acto, poesía, prosa, zarzuela y estudios didácticos.

Uno de los temas que trata en su obra es el de la calumnia, incluso titula así una de sus novelas, lo retoma en la obra de teatro Tempestades del alma y en la novela Hortensia.

“Calumnia”

“¡Oh!, los hipócritas son los seres más detestables que existen en el mundo. Con cuánta razón Jesús le llamó con sus divinos labios: raza de víboras. El agresor que hiere a cara descubierta se expone a ser castigado, lucha con armas iguales y su maldad, si es grande, por lo menos no es tan vil; pero el hipócrita, el traidor que, llamando amigo al ser que aborrece, madura en la sombra planes siniestros para perderle, comete una acción de incalificable crueldad”.

 

“Dile que fui calumniada

Que me creyeron perjura;

Que bajo la tumba oscura…

¡Muy herida! ¡Pero honrada!”

Hortensia

 

El ideal

Su primera publicación se realizó en 1887, su lema era defender los intereses femeninos, promover los derechos de la mujer, con una fuerte tendencia educativa. No pudo sostenerse por el poco apoyo de la sociedad que recibió.

Entre las colaboradoras figuran

  • Adelaida Chévez
  • Dolores Montenegro
  • María Josefa Córdova y Aragón
  • Isabel M. de Castellanos
  • Elisa Monge
  • Pilar Larrave de Castellanos
  • Carmen de Silva
  • Refaela del Águila
  • Sara María de More
  • Celinda D. Darmes

 

María Cruz

Nació el 12 de mayo de 1876 y murió en París en 1915. Quedó huérfana de madre a los 11 años y fue llevada a vivir a París por su padre quien ocupó un cargo diplomático. Viajó por distintos países de Europa, dominaba el francés, alemán, italiano, inglés y castellano. Su padre muere en 1902 y ella viaja a la India en donde realiza una función benéfica. Las cartas que escribe a sus amigos desde allá son recopiladas en un homenaje póstumo por César Brañas y publicadas en el diario El imparcial.

Los restos mortales de la poetisa, su padre y el escritor Domingo Estrada, con quien guardaba una estrecha amistad, fueron repatriados en 1960. Ocasión sobre la que David Vela escribe el texto “Dos rosas negras: poesía y eternidad”. Rigoberto Bran Azmitia plasma ese momento en su obra “Funeral Poético”.

María Albertina Gálvez recopila la obra de la autora en un volumen titulado “María Cruz a través de su poesía”, este trabajo fue publicado en el periódico El imparcial, la revista La locomotora y La quincena, esta última en El Salvador.

Su producción literaria fue objeto de un trabajo comparativo con la obra de María Josefa Granados.; estudio realizado por la periodista Atala Valenzuela.

El libro “Historia de la Literatura Guatemalteca” de los académicos Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios, considera su obra.

El escritor Premio Nacional de Literatura, Marco Antonio Flores, recopiló y publicó los poemas más conocidos de Cruz bajo el título “Vino Añejo”, de la editorial La Ermita.

Destaca por la cantidad de información acerca de la vida de la autora, el libro publicado por Gálvez.

El guante

Junto a con mis reliquias más secretas

Y en un pañuelo, blanco relicario,

Donde nunca miradas indiscretas

Profanan la fe de aquel santuario.

 

Yo conservaba un guante, un guante usado,

Un guante negro, que a la mente mía

De la sima profunda del pasado

Una faz melancólica traía.

 

Un guante que evocaba en mi memoria

La primera gota amarga de mi vida,

La primera hoja triste de mi historia,

El ¡Ay! De la primera despedida;

 

Aquel solemne, vaporoso instante

En que al sentir la muerte en su aposento,

El pálido poeta agonizante

Me dijo adiós, con apagado acento.

 

Tendiéndome su mano descarnada,

Adiós por siempre, repitió mi hermano

Y su boca marchita y abrasada

Como un suspiro se posó en mi mano…

 

 

¿Para que?

El intenso azul del cielo, cual turquesa en agonía,

palidece lentamente, y el occiduo sol ertría

de oro y cobre las hirsutas cabelleras del cocal.

Con destellos sonrosados reverbera la montaña,

en fulgor incandescente al distante mar se baña,

y se tiñe el horizonte de carmín y de coral.

 

El gris del éter claro, reflejando en su alta frente

los postreros resplandores que despide el Occidente,

la redonda luna sube entre copos de algodón.

Imparables muselinas del crepúsculo violeta,

Flotan suaves, embrumando el color y la silueta,

Sobre el llano y el camino, la arboleda y el peñón.

Dolores Montenegro

Nació en Guatemala en el año de 1856 y murió en 1933. Proveniente de una familia acomodada, Lola vivió la tragedia desde muy temprana edad, por su vida desfilaron toda una gama de situaciones tristes desde malos amores hasta muertes sin trágicas y tempranas. Se casó con el poeta salvadoreño Joaquín Méndez y procreó dos hijos, Joaquín, que murió muy joven y Luz que vivió viajando.

Sentía un serio compromiso político con Barrios y era conocida por ayudar a la evasión de perseguidos por política. Era amiga de personalidades de la época como Rubén Darío y Guillermo Hall.

Sus primeras composiciones aparecieron en El porvenir, periódico literario. En 1887 formó parte de la redacción del El ideal, con Carmen P. de Silva y Vicenta Laparra. Se le conoció con el apelativo de “Cantora del dolor”.

Manuel Mendoza menciona a la poeta en su libro “Biografía de Enrique Gómez Carrillo” de la siguiente manera: “No deslumbraba, pero atraía, cultivaba por el conjunto armonizador de sus formas y de sus líneas. Apasionada y celos, ¡pobre del hombre que cayera abajo su dominio! Amaba con todo el corazón; era sensible a la lisonja, a la dulzura y al cariño; pero rebelde al mandato. La figura descollante en su retina era la hipérbole”. Continúa describiendo a la autora física, psicológica y literariamente por diez páginas. Otro extracto dice así: “No fue sino hasta más entrada en años –cuando las duras experiencias la golpearon en el pecho-, que Lola empezó a modificar el estilo de su pensamiento poético, tornándose quejumbrosa, llorona y renegada. Los primeros ensayos la hicieron rebelde, extraviándola en sendas de bohemia con sed atormentadora de cariño, con ansias de libertad.

Guillermina Herrera, estudiosa de las letras y autora del libro “Lola Romántica”, un ensayo sobre la vida y obra de la poetisa, indica que “Ella es parte del conjunto de voces femeninas que incursionó valientemente en los medios de comunicación y publicaciones. Aun con serias limitaciones –económicas y de censura, principalmente- esas mujeres alimentaron un clima de expresión intelectual y literaria en los tiempo de la conformación de la república”.

 

A solas…

No sé por qué mi corazón doliente

no halla un consuelo que sus penas calme,

y se dobla mi frente mustia y triste

sobre tu amor cual desmayado sauce.

 

No sé por qué la garra del tormento

con furia cruel me despedaza el alma;

siento un dolor que abrasa mi existencia

doliente, triste, congojosa, amarga.

 

En las desiertas playas de mi vida

veo avanzar la tempestad que brama;

ya lo siento venir y no la temo,

que nunca el miedo a doblegarme alcanza.

 

¡Ah!, si supieras que las turbias olas

veo agitarse en mi sombría calma,

cuando entrechocan al furor del viento

y se deshacen en la triste playa.

Cuadro comparativo de las poetisas del siglo XIX

Poeta

Época

Géneros

Temas

Movimiento

Sor Juana de Maldonado

1598 – 1666

Poesía

Auto sacramentalReligiosoBarrocoMaría Josefa Granados

1796-1848

Poesía

 

SátiraPolítico

IntimistaRomanticismoJesús Laparra

1820-1887

Poesía

 

Ensayo poéticoReligioso

IntimistaRomanticismoVicenta Laparra de la Cerda

1831-1905

Novela, Novela corta, Drama, Poesía, Ensayo, ZarzuelaDerechos de la mujer

 

Derechos de los indígenas

DidácticosRomanticismoMaría Cruz

1876-1902

PoesíaEl mar

 

La noche

La muerte

ViajeRomanticismo

Pre modernismoLola Montenegro

1856-1933

PoesíaAmor

 

Dolor

MuerteRomanticismo

Pre modernismo

Conclusión

  • La mujeres literatas guatemaltecas han tenido en común el pertenecer a una clase social privilegiada, es decir, con acceso a la educación, que no dependía solo de poder pagarla, sino de que la familia permitiera ese acceso dentro de la formación de las niñas.
  • Todas se relacionaban de forma personal con importantes poetas de la época.
  • Cada una fue rebelde desde el punto de vista de expresar sus ideas en forma escrita.
  • Ninguna utilizó su pluma para fomentar las ideas feministas, aunque sí para expresarse como mujeres con los temas que ellas consideraban importantes.
  • El periodismo también fue un vehículo por medio del cual estas mujeres expresaron sus ideas.