La feria de Jocotenango, José Milla y Vidaurre

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La feria de Jocotenango

El día 15 del corriente, a eso de las diez de la mañana, me constituí en Jocotenango, no tanto para ver la fría cuanto para ver los que van a verla. Armado con mi espíritu de observación como un instrumento cortante, fui a reunir los materiales para este articulejo; o hablando con más exactitud, fui a tomar una fotografía de la feria. Si ella aparece desordenada, confusa e ininteligible, podrá ser, o, efecto de torpeza del fotografista, o, por el contrario, demasiada fidelidad del cuadro. Si es lo primero, yo tendré la culpa, si lo segundo, la tendré también, por haber escogido ese punto como objeto del bosquejo. En uno y otro caso, me someto al fallo, y no prometo la enmienda, visto que ni yo se fotografiar mejor, ni hay por acá cosas mejores en que ejercitar el arte. Basta de introducción.

La plaza, las calles y los callejones de Jocotenango han recibido la visita de la policía, anual como la feria, transitoria como ella y como todas las cosas de este bajo mundo. Las paredes (donde hay) están blanqueadas; los poéticos retoños, dejando libre el rustico sofá que cubre un tapiz verde, principio de vegetación que se levan a sus casa, pegado a los trajes, los que tienen la fortuna de disfrutar de la comodidad de esos bancos. Los arboles… los arboles consumación de los siglos. Más de una hora permanecí el día 15 bajo la sombra pedestre, en compañía de un coche, cuatro caballos con sus correspondientes jinetes y una mesa, almacén portátil de golosinas. Tuve el extraño capricho de entablar un dialogo con aquel vegeta, ya fuese porque algunos hombres hemos de charlar hasta con las plantas, ya porque van haciéndose muy raros los individuos del reino humano con quienes puede tenerse un rato de conversación instructiva y agradable.

Pasados los cumplimientos de estilo y el obligado “!cuanto ha que no nos vemos!” yo, que procuro ser bien criado hasta con los arboles, estuve buscando circunloquios y precauciones oratorias para preguntar a mi amigo su edad y su nombre. El pícaro viejo contestó lo primero con una alusión histórica a uno de nuestros últimos capitanes generales del tiempo del gobierno español, y a lo segundo con una descripción científica. No habiendo entendido ni una ni otra, me propuse pasar el caso en consulta con cualquiera de los muchos sabios que tenemos, algunos de los cuales no dejarían de andar aquel día viendo la feria. En seguido me refirió mil detalles curios de más de cincuenta quinces de agosto que había visto pasar; describiéndome los trajes antiguos, los coches antiguos, los hombres antiguos, las mujeres antiguas, el modo con que aquellos cortejaban a estas en la feria antiguamente, en lo cual halle grandes diferencias con la moda actual, aunque él, como buen viejo, declaró todo lo moderno detestable; usos y costumbres de otros tiempos, citándome por ejemplo la crinolina, que dijo ser una exageración del tontillo de sus mocedades. Para poner término a la charla insustancial de aquel anciano descontentadizo, le pregunté como estaba tan descuidado y feo en un día de tanta concurrencia; que había sido de algunos de sus compañeros, cuya falta estaba yo notando desde algún tiempo todos los años, y por qué no se les reponía con árboles jóvenes, un ligero murmullo, como de impaciencia, fue la única respuesta que obtuve, y viendo que no podía sacar una palabra más a aquel caprichoso vegeta, me despedí de mi amarillento y descuidado interlocutor y fui a mezclarme en la baraúnda de la concurrencia.

Entre tanto, ¿dónde está la feria? ¡Oh! ¡la feria! la feria es para la mayor parte de la gente que va a Jocotenango, una cosa secundaria, un pretexto para reunirse, y nada más. ¿Qué importante los bueyes a esa desdeñosa belleza que atraviesa el gentío recostada en el fondo de su carretela? Si se vendiera alguna otra cosa… ¡pero bueyes! ¿Qué tiene que ver con los muletos ese elegante petimetre que por nada de esta vida pondría sus frescos y limpios guantes en contacto con esas inmundas bestias? ¿Qué nos importan los animales con cuernos a mí y a tantos otros como yo, que somos animales de pluma?

No así, por cierto, a don Agatón Cuernavaca, hacendado opulento, que montado en una mula lerda, recorre el campo de la feria desde las seis de la mañana, seguido de un numeroso estado mayor de caporales y de vaqueros, Va en albarda, con grandes estriberas de hierro, de chaqueta, sin chaleco ni corbata, ni otros molestos adminículos, cubriendo sus tostadas facciones un enorme sombrero de palma, como de partideño, Discute científicamente sobre bueyes, caballos y muletos; compra, vende, se agita, se afana, grita, se enfada, hace subir o bajar los precios, es el rey de la feria. Lo vi durante una hora regatear un caballito, y confieso que no me había imaginado pudiese desplegarse tanta habilidad diplomática en tan insignificante transacción. ¡Qué defectos puso don Agatón a la pobre bestia! ¡Como le descubrió mas tachas que si fuese mula de alquiler, todo por quedarse con el jaco por quince pesos! La retorica de Cuernavaca anonadado al propietario, de tal modo, que entrego el caballo y se fue creyendo haber hecho un magnifico negocio. El hacendado ató su nueva compra a la cola de la mula que montaba, y volvió a la ciudad a eso de las tres de la tarde, atravesando las calles principales como un guerrero victorioso que lleva en pos de sí, como trofeo, los despojos del enemigo. El 15 de agosto de 1863, don Agatón Cuernavaca ira a la feria y llevara el mismo caballo, ya gordo y amaestrado; pedirá por el cien pesos, y si le ofrecen ochenta, contestará muy serio: -Mas me costó aquí el año pasado. ¡Oh sublimidad del arte del negociante! ¡Vender caro y comprar barato!

Era ya tarde. Vi, pues, que debía dar punto a mis observaciones. Resumiendo estas, dije para mí: Gran concurrencia, mucho rocín, mucho choche, calor insoportable, figuras estrambóticas y elegantes, animales que se venden y animales que no se vende, polvo, confusión, mucho ruido y pocas nueces; esto es, poco más o menos, la feria de Jocotenango. Para don Agatón Cuernavaca estuvo buena, pues compro por quince lo que valía treinta. Para don Inocente Patallana estuvo mala, pues, queriendo proporcionar a su familia un rato de distracción volvió a su casa burlado y magullado. La opinión que respecto a la feria expresaría en sus respectivos círculos aquellos dos sujetos debía ser esencialmente diferente, como fue diverso el papel que en ella les destinó la suerte. No fueron menos contradictorios los juicios que tuve ocasión de oír a los mismos que venían de Jocotenango en la tarde del 15, en el espacio que media desde aquel pueblo hasta mi casa. –Mucha concurrencia. –Mferia de jocotenango (1)as hubo el año pasado. –Ahora ha sido mayor. –Pocas ventas. –Muchas, pero precios bajos. –Todo ha estado carísimo. -¿La viste? –No ha venido. –Esto ha estado desierto. –Yo creía que no habría un traje como el mío, y he visto seis mejores. –Esto es insoportable. -¡Que hermosa es! -¡Que caballo tan penco el que montaba! – ¡Sera alquilado! – A 25 pesos la mancuerna, ¡que barbaridad! –Mucha gente. –Jamás olvidaré este día. –No hubo nueces. –Buenas tardes.

¿Cómo concilia tan diferentes pareceres sobre las mismas cosas? ¡Inútil empeño! Si de otro modo fuera, el mundo no sería mundo. Quédense pues, cada cual con su opinión y yo con la mía, que creo modestamente la mejor de todas, y convengamos “en que cada cual habla de la feria según la va en ella”.

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El gato en las letras

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A dónde van los gatos por las noches? Esta pregunta tal vez pueda responderse de dos formas. La primera es la más lógica y aburrida. La segunda es la que da paso al mundo místico y literario de esos felinos nocturnos.

Los gatos y la Literatura no solo se relacionan en los cuentos infantiles o de brujas. Su relación es más profunda. Podría decirse que es como en el antiguo Egipto, en donde eran motivo de veneración, y quien los dañara podía recibir la pena de muerte. O al estilo de la sociedad romana, en donde eran considerados una mascota exótica y de lujo.

¿Por ser seres libres o por ostentar un ego superior? No hay certeza, pero la relación entre escritores connotados y estos felinos domésticos ha quedado registrada no solo por anécdotas, sino, incluso, les han dedicado algunas letras.

La psicóloga Silvia Palma afirma que  los rasgos de “personalidad independiente, egocéntrica, interesada en el amor condicionado del gato lo hacen ser  un ser creativo,  al igual que el escritor acostumbrado a expresarse libremente”.

Famosos

Cuando el argentino Julio Cortázar iba durante el verano a su casa de Francia, esperaba la visita de Teodoro W. Adorno, un gato “sucio y canalla” que vivía entre la basura. “ (He) escrito casi nada sobre gatos, cosa más bien rara porque gato y yo somos como los gusanitos del yin y el yang interenroscándose”, escribió. Lo cierto es que los gatos no son de nadie, sino de ellos mismos, de tal forma que Cortázar también sufrió por el desprecio que se mereció haberlo dejado por siete meses. ¿Y el Tao, y los amores, y esa manera de jugar con las pelotas de papel que hacíamos con los suplementos dominicales de La Nación?

Beppo fue el gato de Jorge Luis Borges. Se dice que lo seguía hasta a la cantina y le gustaba jugar con los cordones de sus zapatos. Un díaBeppo se miraba en un espejo y creía ver otro gato, posiblemente a un rival. Eso motivó a Borges a escribir el poema El gato blanco, publicado en el libro La cifra, en 1981. El gato murió después de 15 años de amistad con Borges.

Pleito legal

Ernest Hemingway es un caso especial que llega hasta nuestros días. Él tenía un gato con seis dedos en una pata delantera llamado Bola de nieve. Al morir el escritor, el felino se había reproducido y varios de sus descendientes se quedaron a vivir en la casa de Key West, Florida, que hoy está abierta al público como un museo.

En el 2012, unos 40 gatos “perdieron un litigio” contra la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, pues un visitante denunció que estaban descuidados, por lo que el dictamen indicó que debían ser enjaulados  por agentes del Departamento de Agricultura  para su protección, pues forman parte de la exposición de la casa del Nobel.

El recientemente desaparecido escritor mexicano Carlos Monsiváis gozó durante su vida de la compañía de unos 30 gatos, a los cuales consentía cuales niños. Al enfermar, el médico le prohibió tenerlos, debido a que padecía enfisema pulmonar, por lo que decidió mudarse.

Junto a su esposa creó una organización civil llamada Gatos olvidados, que funciona en la Ciudad de México.

Terroríficos

En su particular estilo, Édgar Allan Poe también inmortalizó a su gata Catarina, en la que se inspiró para escribir el cuento El gato negro, que relata cómo, luego de haber matado a su gato, Plutón, otro casi idéntico lo hace delatarse a la Policía, luego de haber cometido un crimen.

Aunque el prolífico escritor estadounidense Stephen King habla poco de su vida personal, se sabe que tiene varios gatos como mascotas. Además, los conocedores de su obra afirman que siempre aparece la figura felina en sus relatos. Al igual que Allan Poe, King lo introduce en el relato como un animal con características sobrenaturales.

Perfecto

Es Pablo Neruda quien le dedica una Oda al gato, al que asigna la categoría del ser más perfecto de la creación. “Mínimo tigre de salón, (…) todo es inmundo para el inmaculado pie del gato”.

Publicado el 15/09/13 – 00:00 REVISTA D, Prensa Libre.

 

Comentario crítico de La bella durmiente de Slawomir Mrozeck

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El relato es una recreación del cuento clásico La bella durmiente. En 1683 se publicó una versión escrita por Charles Perrault, sin embargo también existe otra de los hermanos Grimm, publicada en 1812.

Jakob y Wilhelm buscaron recopilar las leyendas orales de la comunidad y escribirlas para preservar la tradición. Esto dio como resultado una serie de relatos con características propias de la leyenda, como el lirismo, dramatismo, fantasía, cultura, oralidad y cierta moralidad que era parte del ideario de la comunidad (1). Los volúmenes requirieron serias modificaciones, pues la intención original no era escribir cuentos infantiles, sino exaltar la tradición conforme a los postulados románticos, el espíritu del pueblo y la poesía, por ello mostraban la cruda realidad medieval que se había vivido en Alemania, así como castigos severos propios de aquella época (2).

Lo anterior y la forma rústica de la redacción, motivó varias modificaciones hasta que el público aceptó las versiones finales, popularizándose en muchos países del mundo a través de traducciones. Pero, fue hasta 1959 que esta historia fue llevada a la pantalla grande por una empresa de entretenimiento norteamericana. Desde entonces, cobró furor entre niños de todas las generaciones y de todas partes del mundo, tal como un producto comercial.

Es necesario resaltar que el espíritu tradicional de estos cuentos no puede apartarse de ser el reflejo de cierta sociedad, que en este caso era originalmente medieval y que su intención didáctica pretende ser un modelo ideal, en alguna medida, para el público lector.

La teoría marxista de Lukacs que indica que “la obra es un reflejo de un sistema en evolución, que revela las contradicciones subyacentes del orden social” (Selden:1997), lo que podría indicar que este es un relato que busca mostrar la evolución de los personajes dentro de sus roles sociales.

A pesar de que el cuento de Mrozek es un relato ficcional, está basado en la realidad social que dicta parámetros establecidos por la colectividad, al igual que los relatos de los hermanos Grimm o los de Perrault.

En el cuento al que nos enfrentamos también es posible identificar las estructuras mentales a las que ven sujetos los personajes. La durmiente era bella y juiciosa, estaba convencida de que la felicidad era sujetar a su salvador para siempre, aceptaba, aunque no entendía, las razones del Príncipe Errante, no era feliz porque no estaba segura de que su amado se quedaría con ella, pero sentía pena por las necesidades del príncipe a pesar de tener las propias.

En cuanto al reflejo o modelo social que este personaje representa, se enmarca en el de la mujer que espera, guardándose para el príncipe que deberá darle un beso de amor, al que ella responderá quedándose con él para siempre sin importar nada, es decir, una mujer predestinada a ser buena y comprensiva, sin desear nada más que ser la pareja de alguien. Un prototipo clásico de sociedades conservadoras o sujetas a la religión, modelos que la modernidad empieza a rechazar.

Así, el cuento perfila una tipología social, y el autor no necesita una descripción exhaustiva o fotográfica para lograr el efecto de realidad, sino comunica las emociones de la protagonista y logra la empatía con el lector.

En cuanto a la contraparte o protagonista masculino, podemos decir que es guiado por sus impulsos naturales, no espera tener una relación exclusiva, teme al aburrimiento, tiene buenas maneras, no le interesa el futuro de las bellas durmientes a las que despierta, sabe que su destino es seguir errante, está consciente de que la delimitación de su papel en su universo solo funciona hasta cierto punto y luego se contradice, expresa la inconformidad con el sistema, sin embargo, el rol de la bella, la verdad o la predestinación no son importantes para él.

El paradigma de la masculinidad que esboza el autor podría plantear cierta evolución de la sociedad en contraposición del hombre de familia que se establecía al tener hijos y esposa, propio de épocas pasadas, y nos presenta un hombre más liberal y desenfadado. Podría tratarse del tipo del eterno adolescente, aquel que no siente la necesidad de comprometerse, sin ser necesariamente machista.

Los personajes también tienen una relación antagónica, no en el primer plano, sino en el carácter social de sus roles, pues ella está dispuesta a ser una mujer de acuerdo a los parámetros machistas, que ella sí acepta, mientras los rechaza. En un acto de bondad, ella lo deja libre. Y en un acto de total libertad, él se marcha.

Podríamos presenciar entonces no una lucha de clases, sino de género, lo cual representa una dicotomía social que debe resolverse por medio del establecimiento de nuevas relaciones de poder, lo que podría indicar una sociedad en evolución.

En este caso en particular, si bien los personajes están conscientes de que los papeles que el autor les asigna no les complacen, debe señalarse que el desenlace no indica una evolución. La metáfora a mi criterio no va en línea ascendente, sino circular. Los personajes dejan su papel tradicional para buscar un nuevo destino, solo para caer en un reinicio que los llevará a recorrer el mismo rumbo.

Bibliografía

1 http://www.alonsoquijano.org/cursolf/mod2/recurs/ARX/grimm.htm

2 http://www.ovejaselectricas.es/2008/03/los-macabros-cuentos-de-los-hermanos.html

Selden, Widdowson y Brooker, 2004. La teoría literaira contemporanéa. España. Ariel S. A.

La bella durmiente

La tentativa del león y el éxito de su empresa

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1 INVOCACIÓN

La tentativa de abatir al hombre que por su ingenio y su virtud se eleva, cantar deseo, Musa, si propicia, de tal conformidad mi voz alientas, que sugiera instrucciones saludables al mismo tiempo que a la risa mueva.

2 LA VOZ MATERNA

Había en los desiertos africanos, entre un grupo de rocas, una cueva donde parió una leona su cachorro y le ocultó con suma diligencia. Después que con su leche le ha nutrido, de carnes elegidas le alimenta, y da, con excelentes instrucciones, la última mano a su piedad materna. Le refiere sus nobles ascendientes, no para que sus glorias le envanezcan, sino para que imite sus virtudes, cuyos modelos tiene tan de cerca. -¡Qué gloria, tener –dice- un padre ilustre! ¡Qué confusión el no seguir sus huellas! ¿Hablarás del honor de una familia que en ti produzca su mayor afrenta? Debes ser compasivo y generoso, por lo mismo que nadie tiene fuerza para dañarte, y, exceptuando el hombre, todo a tu fuerte imperio se sujeta.

3 CONTRA SOBERBIA, HUMILDAD

El león orgulloso aquí se enoja, sus ojos encarnados centellean, la piel movible de su frente agita, y erizada sacude la melena.

-¿Quién es -pregunta- quién, ese viviente que resistir a mi pujanza pueda, cuya sola mención ha acibarado las palabras más dulces y halagüeñas? Con sólo… (En ese instante da un bramido que estremece la gruta, el bosque atruena, y el eco que repiten las montañas por todo el horizonte se dispersa).

-El hombre-dice la prudente madrees animal de una mediana fuerza que la suele aumentar el ejercicio, sin que a la tuya compararse pueda; mas, con sagacidad, industria y maña, todo lo rinde, todo lo sujeta:

Oprime el mar, se sirve de los vientos,

arranca las entrañas a la tierra,

y, lo que me horroriza al referirlo,

el rayo ardiente a voluntad maneja.

Y así, evita encontrarlo; huye, hijo mío;

acelerado corre a tu caverna…

es el hombre feroz con sus hermanos

¿cómo no lo será con una fiera?

-¿Que yo me esconda? -dice- ¡He de buscarle,

y en singular batalla, aquél que venza

tendrá la primacía, no fundada

en la opinión, fundada en la experiencia!

Sé que temeridad y cobardía son dos extremos que el valor detesta; mas se deben probar todos los medios de conseguir una gloriosa empresa.

-La ardiente juventud te precipita -le replica la madre- no es prudencia buscarse por sí mismo la desgracia, aunque es valor sufrirla cuando llega. Entonces el león dice: -¿Haré alarde ¡pense a mí! de rendir la mansa oveja, que no pudiendo obscurecer mi gloria, de mis garras es víctima indefensa?

Estoy determinado; no te canses en oponer a mi pasión violenta de la razón los débiles estorbos… ¡O me veas triunfante o no me veas!

4 EN BUSCA DEL HOMBRE

Dice – y al punto, presuroso, parte, cuando la noche a descorrer empieza el manto obscuro que hace majestuoso el pálido esplendor de las estrellas. Sin rumbo fijo, sin torcer el paso, por el tupido bosque se abre senda, insensible a las puntas de las zarzas, que le hacen obstinada resistencia.

Sale por fin al anchuroso campo, y en él, un animal se le presenta que, a los plateados visos de la luna, con atención, mas sin temor, observa.

-Robusta es la cerviz –dice- en la frente tiene con sus adornos la defensa. ¡Qué nerviosos los pies! ¡Qué forcejudas deben ser esas manos corpulentas! ¡Con cuánta impavidez, qué satisfecho yace, creyendo que ninguno pueda tener atrevimiento de inquietarlo, disputando con él la preeminencia! Entre tanto, distraído tremolaba la cola, que, al tocar las hojas secas, caídas de los árboles vecino

formaba ruido extraño que amedrenta… Era el rendido buey que descansaba, para tornar de nuevo a su tarea.

Perezoso se apoya en una mano, la otra después, con lentitud asienta, e impeliéndose, al punto se levanta, dejando ver cuál es su corpulencia. Retirarse el león, es cobardía; hacerle frente, peligrosa empresa: cualquier extremo tiene precipicio; mas después de un momento, delibera que es preferible una gloriosa muerte a una vida comprada con bajezas.

Así determinado, se adelanta excusando camino al que sospecha ser el hombre, a quien busca y furibundo, y horrible y denodado se presenta.

5 INTERROGA AL BUEY

-¿Tú eres -le dice- el hombre, que presume

ser sólo él, soberano de la Tierra,

creyendo que su rango y primacía

todo animal, temblando reverencia?

-No- responde, ¡ay de mí! no soy el hombre;

soy de los infelices que sujeta,

y a quien por los más útiles servicios

da la más dura y vil correspondencia.

Al punto que nací, mandó a mi madre

que mi alimento natural partiera

entre él y yo, y sólo a ciertas horas

tomaba hambriento la ordeñada teta.

Después impuso a mi cerviz el yugo, aun antes de cumplir tres primaveras, para hacerme arrastrar cargas enormes; y si el peso y el sol me desalientan, en lugar de apiadarse, enfurecido, con su aguijón me hiere sin clemencia.

Si en las sutiles cañas, las espigas, agitadas del aura, balancean, yo he preparado el delicioso cuadro, abriendo surcos en la dura tierra que con tanta abundancia le produce el grano cuyas pajas me presenta.

¡Ay! Cuando me envejezco en su servicio ¿de qué suerte corona mi carrera? Después de maniatarme, a sangre fría, me da el golpe fatal: no le penetran los gritos y clamores repetidos que mis útiles obras le recuerdan.

Mira sin conmoción correr mi sangre, y se sirven mis carnes en su mesa, ¡sin horror!, como vianda delicada…

Y pues esto del hombre te da idea, toma ese rumbo y apresura el paso, que yo debo tomar la parte opuesta, porque si tú deseas encontrarle, yo apetezco y procuro no me vea.

6 NOCHE TRISTE

La fiera rencorosa, estas palabras escuchó con asombro, y no sospecha, que acaso el buey sea uno de los criados que hablan mal de sus amos y exageran lo bien que sirven y lo poco o nada que por ser fieles y oficiosos medran.

Es su enemigo el hombre y eso basta para creer las calumnias más groseras, pues así le parece, justifica el odio que en su pecho reconcentra.

Mas e¡ taimado señaló aquel rumbo deseoso de acabar la conferencia y así le hizo vagar toda la noche sin hallar cosa que a hombre se parezca.

La aurora, cuyos labios como rosas una sonrisa tímida bosquejan, escucha las pintadas avecillas que con dulces gorjeos la celebran; en tanto, el león descubre otro viviente que al buey en la estatura se asemeja.

7 LA OFENSA DEL CABALLO

A él dirige su marcha acelerado,

y con tono insultante, así que llega,

-¡Ah! ¿Tú eres el vil hombre? -le pregunta.

pero aquel animal, que airoso muestra

gallarda petulancia y noble orgullo,

no le da tan de pronto la respuesta.

Primero, atentamente lo examina, en los pies se recarga, ambas orejas hacia él dirige e impávido responde: -Del hombre, a quien se rinde mi soberbia, un criado soy, que con placer le sirvo, tomando como mías sus empresas.

En sus largas jornadas lo conduzco puesto sobre mi lomo; con la espuela me bate las ¡jares y yo entonces, corriendo más veloz que una centella alcanzo a los rebeldes fugitivos que no quieren estar a su obediencia.

Si es demasiado mi fogoso empeño

con el freno al instante lo modera

y con el mismo freno me prescribe

el paso en que he de andar y por qué senda.

¡Qué peligros arrostro por servirle!

-Cuando el clarín y los timbales suenan,-erizada la crin, hiriendo el suelo, como sensible a la gloriosa empresa, lejos de amedrentarme los horrores, a mi señor advierto la impaciencia con que deseo entrar, por él, en parte de los riesgos y afanes de la guerra-.

Sonó entonces de lejos un relincho, y el caballo al oírlo: -Aunque quisiera seguir hablando -dijo- me precisa ir a donde me llaman con urgencia.

Luego, volviendo las torneadas ancas, con tal ímpetu emprende la carrera, que a la fiera en los ojos encendidos con las patas arroja las arenas.

Al león, no el dolor, sino el insulto, le es insufrible. De la acción violenta jura vengarse, y para hacerlo pronto, sus ojos frota con las manos vueltas; mas después que los abre, el veloz potro ya no parece en la llanura inmensa.

8 OTRA VEZ SOLO

Sigue, no obstante, por el mismo rumbo, creyendo que se oculta en las hileras de unos frondosos árboles que mira; mas pierde la esperanza cuando llega al sitio majestuosos consagrado al genio reflexivo. Las Napeas con el dedo en los labios, a los Faunos, que avanzan por mirarlas más de cerca, silencio imponen, y las blandas alas Céfiro con ternura mueve apenas. Duerme la Ninfa de una clara fuente que deja ver su reluciente arena; copia después los sauces de la orilla y más en lo profundo representa la perspectiva augusta de los cielos por la parte oriental, que Febo incendia.

¡Qué hermoso carmesí! ¡Qué franjas de oro! La avenida de luz por allá deja, sobre un hermoso fondo azul celeste un jaspeado color de madreperla.

Al león, este cuadro nada importa, siendo su celestial magnificencia para aquel corazón bueno y sensible, que odio, envidia, venganza, no envenenan.

Trepa ligero al sauce más antiguo: mira por todas partes y no encuentra por ninguna el objeto de sus iras; pero siendo oportuno a sus ideas aquel sitio, en el brazo más robusto que hay en la rama principal, se sienta.

9 ESCUCHA AL PERRO

Ve desde ahí venir hacia la fuente

un animal de poca corpulencia,

aunque muy bien formado, que clamando

con voz aguda, su dolor expresa.

Cuando llegó a distancia en que podía

el león escucharle ¡qué sorpresa!

¡qué accesos de furor! Habla del hombre,

a quien, como si oyéndole estuviera,

con el dulce entusiasmo del cariño,

le dirige la voz de esta manera:

-¿Dónde, señor, estás que no me escuchas?

¿De mil lealtad acaso no te acuerdas?

¿Quién como yo te advierte los peligros

o se expone a morir en tu defensa?

Ningún criado te da más testimonios

de amor, de sumisión y de obediencia;

pues si las leves faltas me castigas, no opongo a tu furor más que la queja. Lamiéndote la mano que me hiere, y postrado a tus pies, pido me vuelvas a tu amistad, y una mirada tuya, golpes, desprecios, todo lo compensa. Si me mandas seguir alguna caza, ¡con qué empeño, qué celo, qué presteza, la persigo, la alcanzo y de ella triunfo! Mas sobrio te la entrego, sin que pueda mi integridad faltar, aun en el caso de que el hambre furiosa me acometa. Cuando duermes, yo velo cuidadoso; rondo la casa, porque no sorprenda algún extraño tu preciosa vida; muestro, además, mi celo en la defensa de animales a quienes dañaría, si el placer que te causan no advirtiera. Mas por aquí el olfato… ciertamente… sí, por aquí pasó, según la huella -decía el perro, oliendo las pisadas-que vio estampadas en la blanda tierra. Sigue el rastro, creyendo que ninguno nada de cuanto dijo oírlo pudiera. -¡Y el enemigo lo escuchaba todo! ¡Esas facilidades de la lengua!

10 CONFLICTO INTERNO

El león, confundido, no concibe

qué magia, qué virtud el hombre tenga,

pues que los animales más valientes,

de grado se le rinden, o por fuerza.

Baja, no obstante, y se encamina al sitio

en que el perro observó la humana huella;

al llegar, cuidadoso la examina,

y viendo su tamaño considera

que excediendo a la suya en otro tanto,”

tendría su rival doble grandeza.

En traje de prudencia, disfrazado el pálido temor, temblando llega, y tomar la espesura le persuade con el semblante, la actitud y señas. Mas luego, la opinión inexorable que tiraniza el globo de la Tierra, con ojos torvos-¡qué dirán!- le grita… No dice más ni aguarda la respuesta. Venid acá, censores inflexibles, no aguardéis a que el éxito se vea para fallar en tono decisivo: el león, vuestro sabio juicio espera; cuando ya no le sirva, si es vencido, sería locura proseguir la empresa; como si vencer debe ser cordura no abandonar una victoria cierta.

11 ENCUENTRA AL HOMBRE

Al león, fatigado, que no sabe

a dónde encaminarse, o qué hacer deba,

un matorral espeso le convida,

y en él, dudoso, a descansar se interna,

notando que ahí puede sin ser visto,

observar cuanto pasa por de fuera.

El sueño le acomete; él se resiste y le rechaza, en fin cuando ve cerca un animal bien hecho, cuya mole sólo sobre los pies mantiene recta.

No arman sus manos –dice- corvas uñas; es adorno su pelo, no cubierta; calma y bondad anuncia su semblante; todo es blandura, gracia, inocencia. ¡En tu favor previenes ser amable! ¿Serás, dulce viviente, serás presa que esclavice y degrade el feroz hombre? ¡No hará tal, que yo salgo a tu defensa! Se levanta, se estira, se sacude, y se dirige al que auxiliar intenta;  mas como ve su turbación, le dice: -El hombre es a quien busco, nada temas. –Pues bien, yo soy el hombre que buscabas, -¿qué se ofrece?- le dijo con firmeza. -¿Eres tú –le pregunta- eres el mismo? –Sin duda soy el mismo- le contesta. -¿Cómo –exclama el león-, tantas maldades ocultas con tan bellas apariencias? –Dejemos –dijo el hombre- los insultos que irritan, aunque propios de la bestia; y así, para evitar contestaciones puedes volverte al bosque y yo a la aldea. –No –responde el león- no nos ¡remos: hoy mismo quiero ver por experiencia si acaso eres conmigo tan valiente, como tirano con las otras bestias. Pone, el hombre, en tortura su discurso porque le suministre alguna treta mas la presencia de ánimo no pierde que es lo que en tales casos aprovecha. –Mira –dijo al león-, siempre la fama… ya se ve, es imposible que uno pueda a todos contentar… mas no me opongo; estoy conforme a lo que tú más quieras pero antes que riñamos, es preciso hacer para mi casa un haz de leña; porque si tú me vences, ya eso menos tendrá que hacer mi débil compañera; cuando no, quedaré debilitado, porque no hay enemigo que no ofenda.

12 LA IDEA TRIUNFANTE

El león no advertía que en un tronco cuyas profundas raíces lo sustentan, y que tenía cerca su enemigo, una hacha muy pesada estaba puesta. Tomóla, pues, el hombre y ahí mismo la clavó con tal ímpetu y violencia, que bien se percibió crujir el tronco,

vibrar el aire, retemblar la tierra. Después con tono impávido le dice: -Si apeteces cuanto antes la contienda, ven a ayudarme a dividir el tronco. El león, que el reñir a punto lleva, -¿Cómo quieres-pregunta- que te ayude?

Y el hombre contestó-De esta manera y atrás doblando un pie, sobre sí tira el extremo del astil con gran fuerza: en un lado del hacha fue el apoyo! con el otro venció la resistencia

del tronco, haciendo en él una abertura.

Y pujando le dice -¡Con presteza… agarra la hendedura… Que me canso…! ¡Tírala luego por la parte opuesta!

¡Con valor… Ahora… Fuerte! Y el incauto

mete las manos hasta las muñecas

para abrir más el tronco; pero, el hombre,

soltando la palanca, preso deja

a su rival, que brama de coraje

y del dolor, que le hace ver estrellas.

Entonces, con irónica risita

le decía: “Verás por experiencia

si acaso soy contigo tan valiente

como tirano con las otras bestias.

¡Rebelde! ¡A palos domaré tu orgullo,

y amarrado después, con fuerte cuerda,

te llevaré arrastrando por las calles,

para que en la horca deshonrado mueras!”

13 VENCERSE ES MÁS QUE VENCER

Tanto el tormento de la mordedura, como lo doloroso de la afrenta, angustian al león: pierde el sentido; se desmaya, inclinando la cabeza contra el pérfido tronco; más volviendo en sí otra vez, le dice: -¡Hombre! respeta los decretos del cielo en la desgracia, que hacer mayor pretendes con la afrenta.

Si acaso te es tan dulce la venganza

tienes tú, mano armada, y yo cabeza;

hiere al que ingenuamente reconoce

que a todo es superior tu inteligencia.

-No -dijo el hombre, entonces- ¡vive honrado!

Y al mismo tiempo, fácilmente suelta

al vencido león. Y sigue hablando:

-“Mucha gloria es vencerte, noble fiera;

mas, sin comparación es más glorioso

el triunfo celestial de la clemencia”.

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Me consume

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El suspiro, hijo de la posibilidad

El nacimiento tácito del quizá

La emoción al convertirse en azar

Se apilan en los párrafos de la ilusión, en las entrañas de lo postizo. Y parten.

Se llevan la sonrisa

Arquean las cejas

Habitan el estómago vacío

Y

Muero y vivo bajo su dominio

Maldición que ata. Ruina pasmosa

Mi monstruoso y apabullante Amén.

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Un análisis de “Un día de estos”, de Gabriel García Márquez

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ImageEste relato forma parte del libro Los funerales de la Mamá Grande, publicado en 1962. El volumen está compuesto por ocho cuentos que refieren acontecimientos que suceden en Macondo y giran alrededor de la Mamá Grande, la abuela de los Buendía. Tiene un argumento propio y autonomía, sin embargo es un eslabón más en la composición del libro.

Contenido

Un dentista empírico recibe a un militar que ejerce como alcalde de la localidad. Este ha padecido por varios días y no tuvo más remedio que acudir al hombre, a pesar de saberse enemigos. El dentista lo atiende y le aclara que el dolor que sufrirá con la extracción de la mula, lo cobra en pago de veinte de los muertos que él ha provocado. Ambos se separan, sin que antes, el militar deje claro que él es la autoridad plenipotenciaria en el lugar.

Acontecimientos

  • Escovar se niega a recibir al alcalde y éste, al escucharlo, lo amenaza de muerte.
  • Escovar lo recibe dispuesto a dispararle.
  • Escovar saca la muela y le advierte de su virtual venganza.
  • El alcalde le afirma su poderío diciendo que él y el municipio son lo mismo.

Los personajes son Aurelio Escovar, dentista empírico, padre, ciudadano, mediana edad, metódico, madrugador, trabajador, observador. El alcalde, militar y todo lo que ello implica, acostumbrado a imponerse, arrojado, resistente, orgulloso. El niño de once años, hijo de Aurelio, es un personaje del que solo se oye la voz.

El argumento se desarrolla en una clínica sencilla, rural. En una habitación ordenada, con telarañas y con mobiliario viejo. El relato es lineal, presenta un solo escenario, una sola acción y dos personajes antagónicos. Está escrito en tercera persona e indica un narrador omnisciente. No tiene un contexto o un panorama definido, esa escena podría darse en cualquier país del mundo, pero es fácil ubicarla en Latinoamérica.

En este relato, la ropa indica una época, pues el protagonista viste con tirantes elásticos, camisa a rayas, cerrada con un botón dorado, además lo ubica en un ambiente rural. El antagonista viste uniforme militar y está rasurado solo de la mitad de la cara, lo que lo sitúa en circunstancia de poder autoritario y usurpador del poder civil. El mobiliario también dispone una condición social determinada. Una fresa de pedal, un sillón de resortes, tarros de porcelana, método de esterilización de los instrumentos, una vieja silla de madera, gabinetes viejos y un cancel de tela, podrían hallarse en cualquier clínica rural de los años 60 o 70. El par de gallinazos o zopilotes, afirman la idea de estar en América, pues esta es una ave de esta región.

En el relato pueden hallarse varios signos, como los gallinazos que refieren al oportunismo y la rapacidad, un signo que refiere a aquellos de baja estatura moral que se aprovechan de los demás. El relato no menciona evidencias directas sobre el aspecto del cielo, pero el narrador omnisciente afirma que el protagonista está seguro que marca signos de lluvia, probablemente es invierno. Semiológicamente estaríamos ante un panorama de desesperanza e incertidumbre.

Contenido discursivo

En cuanto a los ejes de poder que se evidencian en el texto tenemos a Aurelio Escovar, que es un hombre del pueblo, evidentemente opuesto al régimen que ejerce el militar. Está armado, por lo que se deduce que está dispuesto a contrariar las reglas establecidas por las leyes vigentes, que en un estado militarizado son paternalistas y unilaterales. Es un opositor expuesto, pues se niega a recibir al paciente indeseado. Sin duda está interesado en la vida política del lugar, está al tanto de los acontecimientos, pues al preparase a sacar la muela del alcalde, le aclara que con ese sufrimiento, (ellos, la oposición, el pueblo) le cobran por lo menos 20 muertos.

El militar denota orgullo, la costumbre de imponerse por la violencia, la presunción de saberse la autoridad y que nadie puede negarse a sus deseos. Además, está conciente de las muertes que ha perpetrado.

Estos personajes se mueven sobre ejes de deseo y poder, según la teoría de Foucault, ambos se van líneas opuestas, pero el motivo de su deseo, de su conflicto es el poder del gobierno municipal, uno porque lo ejerce y debe mantenerlo y el otro porque no desea su perpetuación. Se encuentran en una situación antagónica, sin embargo, el relato los obliga a someterse a una estructura circunstancial. El militar debe obedecer al dentista, con tal de que éste le extraiga la muela, la autoridad del empírico se impone, en ese encuentro crucial. Así, una estructura superior a ellos, la de los roles sociales permite que interactúen sin agresión. Al final, el militar refuerza su posición de autoridad, diciendo que él y el municipio son lo mismo.

El discurso presenta un conflicto aleatorio al político, uno de salud, que puede formar el centro interno del relato, que los obliga a interactuar en un acuerdo relativo. La sustancia de este discurso está en la confrontación de dos fuerzas políticas de una sociedad dada, los ideales contrarios que se cruzan en la cotidianidad. Empieza con el título, que indica que puede pasar en cualquier momento, continúa con el señalamiento temporal, el lunes, que para muchos es el peor día de la semana, pero, cuántos lunes hay en la vida de un individuo. La ironía de la humanidad, que sin importar la ideología o el poder que se posea o se desee, no exenta a nadie de los problemas comunes.

El autor de este cuento es Gabriel García Márquez, colombiano, periodista, quien niega cualquier militancia política, pero buena parte de su producción literaria gira en torno al socialismo. La situación de su país, como en la mayoría de los estados latinoamericanos, ha vivido dictaduras militares, tiene extensas áreas rurales y conformado resistencias civiles. Estas fuerzas de poder, bajo las cuales, él ha vivido, son las señaladas por Foucault como los poderes dominantes, la conjuración de la aparición del relato, así como la determinación de su utilización tienen su origen en el pasado del autor, en el pasado de Colombia, en el pasado de Latinoamérica, en la evolución de las fuerzas humanas y políticas del Nuevo Mundo. Estamos ante un relato que el autor pudo haber presenciado, materia prima para su formulación y, además de satisfacer una necesidad creativa, puede formular un discurso con un propósito irónico y al mismo tiempo aleccionador. La definición de una situación exterior, a su vez le da definición a los rituales que se desarrollan en los personajes del texto, es decir, los roles que los personajes han de seguir. Así presenciamos al militar plenipotenciario, al hombre trabajador que se resiste, y a la coincidencia entre ellos.

En conclusión, este relato define dos líneas de poder separadas, pero dependientes, líneas que se cruzan y coexisten en una lógica simbiótica de opresores y oprimidos, y la suspensión de las agresiones en el desarrollo del discurso del poder circunstancial que plantea.

Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, por Lauro Zavala

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La minificción es la narrativa que cabe en el espacio de una página. A partir de esta sencilla definición encontramos numerosas variantes, diversos nombres y múltiples razones para que sea tan breve.
 
En estas notas presento un breve panorama sobre el estado actual de la escritura de minificción y sobre las discusiones acerca de este género proteico, ubicuo y sugerente, que a la vez se encuentra en los márgenes y en el centro de la escritura contemporánea. Aquí conviene señalar que aunque el estudio sistemático de la minificción es muy reciente, pues se remonta a los últimos diez años, su existencia en la literatura hispanoamericana se inicia en las primeras décadas del siglo XX. Por esta razón, la mayor parte de las reflexiones y observaciones presentadas a continuación se derivan del estudio de las antologías y los concursos de minificción, en cuya tradición los escritores y editores hispanoamericanos se han adelantado en varias décadas a otros muchos lugares del mundo. La tesis central de estas notas consiste en sostener que la minificción es la escritura del próximo milenio, pues es muy próxima a la fragmentariedad paratáctica de la escritura hipertextual, propia de los medios electrónicos.
 
Los problemas que enfrenta la minificción en relación con la teoría, la lectura, la publicación, el estudio y la escritura son al menos los relativos a seis áreas: brevedad, diversidad, complicidad, fractalidad, fugacidad y virtualidad. A continuación me detengo en cada uno de estos problemas señalando algunas de las conclusiones a las que se ha llegado durante los últimos años y algunas de las áreas que podrán ser exploradas con mayor profundidad en el futuro inmediato.
 
 
Brevedad
 
En su introducción a una antología de narrativa experimental publicada en 1971 con el título Anti-Story (El anti-cuento) Philip Stevick incluye como una de las formas más arriesgadas de experimentación la escritura de narrativa extremadamente breve, aquella que no excede el espacio convencional de una cuartilla o una página impresa. Durante los últimos veinte años esta forma de escritura ha dejado de ser algo marginal en el trabajo de cualquier escritor reconocido o un mero ejercicio de estilo. En su lugar, la minificción es cada vez con mayor intensidad un género practicado con entusiasmo y con diversas clases de fortuna por toda clase de lectores. En el momento en el que está agonizando el concepto mismo de escritores monstruosos o sagrados, surgen en su lugar múltiples voces que dan forma a las necesidades estéticas y narrativas de lectores con necesidades igualmente múltiples, difícilmente reducibles a un canon que señale lo que es o puede llegar a ser la escritura literaria.
 
En otras palabras, el espacio de una página puede ser suficiente, paradójicamente, para lograr la mayor complejidad literaria, la mayor capacidad de evocación y la disolución del proyecto romántico de la cultura, según el cual sólo algunos textos con determinadas características (necesariamente a partir de una extensión mínima) son dignos de acceder al espacio privilegiado de la literatura.
 
La utilización de textos literarios muy breves, por otra parte, se encuentra entre las estrategias más productivas de la enseñanza, lo cual tiene una clara raíz de tradición oral. El cuento muy breve está siendo revalorado por su valor didáctico en los cursos elementales y avanzados para la enseñanza de lenguas extranjeras, y en los cursos elementales y avanzados de teoría y análisis literario (L. Zavala et al., en prensa). En una hora de clase se puede explorar un texto muy breve con mayor profundidad que una novela o una serie de cuentos.
 
En general, los textos extremadamente breves han sido los más convincentes en términos pedagógicos en la historia de la cultura. Este es el caso de las parábolas (bíblicas o de otra naturaleza), los aforismos (M. Satz 1997), las definiciones (L. Deneb 1998), las adivinanzas (M. Mejía Valera 1988) y los relatos míticos. Su propia diversidad y su poder de sugerencia pueden ser probadas al estudiar la multiplicación de antologías y estudios de estos géneros de la brevedad. Tan sólo en el caso de los mitos, recientemente se ha llegado a comprobar la universalidad del mito de la Cenicienta, cuya estructura narrativa es más persistente aún que la del mito de Edipo, pues constituye un relato breve característico de casi toda estructura familiar (A. Dundes 1993).
 
También en los años recientes hay un resurgimiento del ensayo muy breve, para el cual se utiliza simplemente la palabra Short (Corto) (J. Kitchen 1996). Y otro tanto ocurre en el caso del cortometraje, los videoclips y la caricatura periodística. Los textos ensayísticos de brevedad extrema de escritores como Jorge Luis Borges, Virginia Woolf y Octavio Paz son una lección de poesía, precisión y brillantez que compiten con los textos más extensos de los mismos autores. Tal vez esto explique también el resurgimiento de otros géneros de brevedad extrema, como el Hai Ku (W. Higginson 1985) y los cuentos alegóricos de las distintas tradiciones religiosas (derviches, budistas, taoístas, etc.).
 
Tomado del sitio: Nalgas y libros