el tiempo maya

Tiempo y oscuridad en los libros sagrados de los mayas

Posted on Actualizado enn

El estudioso de la literatura guatemalteca no puede pasar por alto la riqueza que significan los textos mayas llegados hasta la actualidad, no solo como una herencia cultural, sino como un objeto de análisis literario para entender las características de una civilización completamente desconectada de los mayas actuales.

A pesar de haber desarrollado una escritura logosilábica, es decir, la combinación de símbolos fonéticos y logogramas, la ruptura que significó la conquista y evangelización, dejó en la oscuridad la cabal interpretación de los vestigios encontrados en monumentos en piedra, murales, e incluso códices, lo que significa que la mayoría de lo escrito pertenece al campo de la arqueología y no a la literatura.

Los frailes encargados de la evangelización y erradicación de la religión pagana, relatan en sus escritos que existía toda una tradición en torno a lo que podría llamarse a grandes rasgos literatura, pues hay evidencia de representaciones dramáticas, códices que eran leídos durante las reuniones y todo el arte que quedó resguardado en monumentos.

Mercedes de la Garza, afirma en varios de sus libros, sin embargo, que el principal objetivo de la escritura era el apoyo a lo oral, pues siendo el sacerdocio y luego la nobleza, las únicas castas que conocían el sistema de escritura, el pueblo también compartía los contenidos comunitarios de esas inscripciones, gracias a la repetición y memorización de las mismas.

Los religiosos que se ocuparon en erradicar la idolatría quemando los códices, prohibiendo todas las expresiones artísticas por promulgar la impiedad, y asesinando a los sacerdotes, también dejaron para la posteridad datos que evidencian la existencia de esa tradición oral. Como es el caso emblemático de Diego de Landa y el Auto de fe de Maní, durante el cual quemó muchos códices que se habían logrado preservar en aquella ciudad gracias a su sometimiento voluntario a los conquistadores. Landa fue una especie de inquisidor en aquel territorio, hoy Yucatán, al punto de ser acusado ante las cortes españolas por su crueldad.

El desamparo fue significativo, El Chilam Balam reza “No teníamos ya buenos sacerdotes que nos enseñaran (…) no teníamos sabiduría, al fin se perdió el valor y la vergüenza, y todos fueron iguales”, (Bolio Trad., 1985). “Los mayas vieron esa destrucción como una gran tragedia, pues con la pérdida de los códices y de los sacerdotes, se perdió para ellos la memoria escrita de su pasado y, por tanto, la posibilidad de predecir el futuro”, (De la Garza, 2012).

Pero, ¿qué significaba para los mayas predecir el futuro, o el valor y la vergüenza?

El manejo que la cultura maya tenía del tiempo es cíclico, dividido en distintos calendarios, el de cuenta larga y el de cuenta corta. Según se conoce en el códice Peresiano un Katún está compuesto por 20 años de 360 días, cuenta que también se menciona en las profecías de los 13 Katunes en el Chilam Balam de Chumayel.

El origen de la periodización es conocido, pues mucho se ha dicho ya sobre los conocimientos astrológicos que llegaron a perfeccionar, conjugándolos de manera binaria, como casi todo en su cultura, con lo real y lo evidente, es decir con la naturaleza, y por lo tanto, con su cotidianidad.

Ese aparejamiento les permitió predecir lo que sucedería, no solo en la agricultura, como muchas otras culturas, sino más bien presagiar las cargas benéficas o maléficas que traerían las divinidades en cada ciclo, las cuales estaban íntimamente ligadas con elementos naturales, con la finalidad de prepararse para recibir el futuro, cambiarlo y orientarlo con base en el pasado. Aspecto cuyo resultado se puede leer desarrollado en los libros del Chilam Balam.

De tal forma que trasladaron esa mera predicción de abundancia o escasez de cosecha, e hicieron del tiempo la esencia misma de su religiosidad, la explicación de sus ocupaciones, y eventos relevantes en la vida individual, social y política[1].

Así es que el asunto va más allá de una organización calendárica. “No es el presente que mira retrospectivamente al tiempo como pasado, sino este que va engendrando en su propio seno a todo el presente,  porque lejos de ser pasado, sostiene todo lo presente”, (Mata Gavidia, 2001).

A pesar del adoctrinamiento cristiano, en el Libro de las profecías de los 13 katunes, El libro de las profecías, contenidos en el Chilam Balam, puede percibirse la resistencia de los sacerdotes que aún bajo el dominio español escribieron las profecías, muchas de ellas mezcladas con las creencias occidentales, pero que tienen su base en la cuenta del tiempo.

“Vómitos de sangre, pestes, sequías, años de langosta, viruelas, la carga de la miseria, el pleito del diablo. En el cielo habrá círculos blancos y arderá la tierra, dentro del Tres Ahau Katún y el Uno Ahau Katún y los tres katunes malos. Así fue escrito por el Profeta y Evangelista Balam, lo que vino de la boca del Señor del cielo y de la tierra”, (Bolio Trad., 1985)

Las fuentes coloniales también dan fe de lo que se señala. En la Relación de las cosas de Yucatán, Diego de Landa dice, “Las ciencias de las que enseñaban eran la cuenta de los meses, años y días, las fiestas y ceremonias, la administración de sus sacramentos, los días y tiempos fatales, sus maneras de adivinar (…)”.

Entonces, ya que el universo es para el maya “un conjunto de energías divinas en constante movimiento, regidas por una ley cíclica”, (De la Garza, 1980), el tiempo se convierte en un factor determinante para la honra y la felicidad del hombre maya.

El horror por la pérdida de la posibilidad de continuar los conocimientos y prácticas ancestrales deviene en la pérdida también del valor y el honor, y el surgimiento de la vergüenza – Que se define como, turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.  (RAE, s.f.) – .

“Los códices eran para los mayas algo más que el medio de conservar sus conocimientos y tradiciones; eran el símbolo de todo lo sagrado y digno de respeto, la clave para comprender el tiempo y el espacio y para situarse en ellos”, (De la Garza, 2012).

Pero la preocupación por el tiempo, combinado con la necesidad apremiante de transmitir la cosmogonía, orígenes históricos, rituales y la exaltación a los antiguos gobernantes, encontró un aliciente cuando los españoles empezaron a alfabetizar a algunos de los indígenas.

De tal forma que estos incipientes ilustrados aprovecharon la posibilidad de utilizar caracteres latinos para hacer perdurar lo que conservaban en la memoria o copiar lo que se encontraba oculto. Y son estos los textos que se consideran literatura maya.

“La relación de la historia de esta tierra, en su tiempo, se hacía en pinturas: porque no había llegado el día en que se usaran estos papeles y esta muchedumbre de palabras; para que se preguntara a los antiguos hombres mayas si sabían cómo nacieron y cómo fundaron su tierra en esta región”, Libro de los antiguos dioses, (Bolio Trad., 1985).

El criterio formal para que un documento se catalogue dentro de este reglón es que haya sido escrito por hombres mayas, en una lengua maya y que su contenido dé continuidad a la tradición prehispánica, y registre además, la historia y situación de los mayas durante el período colonial.

Al estudiar el contenido de los principales documentos mayas aparecidos en la región de Guatemala, cumplen con los criterios, aunque fueron escritos en el transcurso de varios años y por autores diversos, incluso, coinciden en el relato de los mitos cosmogónicos y los orígenes históricos comunes de los pueblos, pero sobre todo, poseen un grado más alto de narratividad.

La especialista Mercedes de la Garza clasificó los manuscritos en dos categorías, los libros sagrados de la comunidad y los libros histórico-legales. Los primeros son aquellos que tenían como propósito ser leídos frente a la comunidad para fortalecer la religión maya, aunque más tarde también pudieron ser un respaldo para confirmar la autenticidad de los linajes. Entre ellos se encuentran, el Popol Vuh, los Anales de los cakchiqueles y los Libros del Chilam Balam.

El fuego

Según relatan los libros sagrados, las tribus o linajes fueron hasta Tulan[2] para recibir títulos nobiliarios y formas de culto. Fue ese lugar hasta donde los cuatro varones quichés creados, entre otras tribus menos importantes (13 según el Popol Vuh y el Memorial de Sololá), caminaron para recibir a su dios tutelar.

“Y el primero que salió fue Tohil, que así se llamaba este dios, y lo sacó a cuestas en su arca Balam-Quitzé. En seguida sacaron al dios que se llamaba Avilix, a quien llevó Balam-Acab. Al dios que se llamaba Hacavitz[3] lo llevaba Mahucutah; y al dios llamado Nicahtacah lo condujo Iqui-Balam”, (Recinos Trad., 1947).

El relato quiché indica que en medio de la oscuridad y luego de una gran granizada, lluvia y niebla que apagaron el fuego que Tohil le había dado a los hombres, las otras tribus se les acercaron pidiéndoles que lo compartieran, a lo que el dios respondió que para eso debían ofrecer sus pechos y sobacos; expresión que significa que deberían ser sacrificados[4].

A cambio de no morir de frío, las otras tribus aceptaron. Luego el Popol Vuh relata cómo Tohil hizo fuego “dando vueltas entre su zapato”. “La expresión alude indudablemente a la manera primitiva de sacar fuego por medio de un palo que se hace girar rápidamente dentro de otro”, (De la Garza, 1980).

Según el Título de los Señores de Totonicapán, Balam-Quitzé y sus compañeros fueron los primeros que “comenzando a frotar madera y piedras, sacaron fuego”. Los pueblos de Vukamag sólo consiguieron que los quichés les dieran “un poco” de su fuego ofreciendo darles a sus hijas[5]. Pero una tribu no quiso darse por derrotada por los quichés, ni rogar, ni sacrificar sus corazones, así los cakchiqueles decidieron robar el fuego en medio del humo.

Tohil, Avilix y Hacavitz parecen tener mucha relación en el resto de la narración, siempre se presentan en trío. Por ejemplo, al sacrificar a miembros de otras tribus para obtener el fuego se alegran, y  antes del esperado amanecer, los tres dan las mismas instrucciones[6].

Las connotaciones que aluden al fuego en sus nombres, podrían hacer pensar que son el mismo, con distinto apelativo. Tohil también está relacionado con el Sol y con Quetzalcóatl, pero lo cierto es que es el dios principal de la tribu más poderosa.

El celebrado llamado de reunión a todas las tribus que se destaca del Popol Vuh es en realidad un llamado desesperado de las demás tribus en contra de los quichés[7], quienes constantemente raptaban a los jóvenes para sacrificarlos a estos tres dioses, lo que indica que, efectivamente Tohil requería más sacrificios que los demás.

Al final del Popol Vuh se establece que ya se han construido los templos para estos tres dioses, y se señala que todos iban a hacer sacrificios a Tohil antes de hacer cualquier cosa.

En la actualidad, Toj también es un día del calendario maya cholq’ij, de cuenta quiché. Su significado tiene como eje el fuego y la paga. “Toj es el fuego sagrado. Toj es para agradecer, para reconciliarnos ante El Padre y hasta para sanar nuestros males. También es para conseguir lo que necesitamos y agradecer por la vida que nos ha dado”, (mysticomaya.com, 2015).

Aunque se toma como una reconciliación con los dioses o una solicitud de justicia, en realidad estamos ante la ancestral intensión del sacrificio[8], no humano. Que ha sobrevivido a pesar de que esta fuera una de las prácticas que con más énfasis tratara de erradicarse en el tiempo de la colonia. Las ceremonias que se realizan este día no se apartan del antiguo propósito del Popol Vuh[9], es decir que el espíritu de la práctica sobrevive.

Oscuridad y aurora

A diferencia del Génesis, en los libros sagrados mayas, la oscuridad es un elemento presente hasta bien entrada la narración. En el Popol Vuh, se desarrolla casi todo el relato en la oscuridad o noche, se dice que el suelo está húmedo y fangoso, hasta que el sol ya ha salido y lo seca, y que entonces, el calor es insoportable. Pero antes de ello, también llueve, hay terremotos, frío, granizadas.

Puede pensarse que se trata de una oscuridad metafórica, tal vez porque no estaban constituidos geopolíticamente, ni tenían templos o ciudades.

Otros autores consideran que los textos sagrados señalan la oscuridad como alegoría de un tiempo pasado muy lejano. “El Memorial de Sololá no dice expresamente el propósito del viaje, pero en repetidas ocasiones nos dice que “fuimos a Tulán”… “llegamos a Tulán”… “en la oscuridad de la noche”, (figura que utilizan los escritores indígenas del siglo XVI para indicar que fue hace mucho tiempo, que no se sabe precisar cuánto hace)”, (IDIES, 2001).

Sin embargo, en el Libro del principio de los itzaes, se señala la oscuridad y lo oscuro como algo secreto, algo que nadie presenció, relacionado con un tiempo de dioses, de magia y no de hombres. “Allí donde no había cielo antiguamente, he aquí que la Palabra nació por sí misma, dentro de lo oscuro”. Es decir Dios se creó a sí mismo. (Bolio Trad., 1985).

La actitud de los dioses también añade a esa idea, pues en el Popol Vuh se menciona que los dioses mismos deseaban hacer al hombre porque ya se acercaba el día “— ¡A probar otra vez! Ya se acerca el amanecer y la aurora; ¡hagamos al que nos sustentará y alimentará!”, (Recinos Trad., 1947).

Lo anterior podría relacionarse con el hecho de que los dioses tenían cualidades particulares durante el tiempo de oscuridad, hablaban directamente con los hombres, se transformaban en muchachos e iban a bañarse, eran nahuales, etc. Pero al acercarse la aurora, los dioses, poderosos y sanguinarios, urgieron a los quichés a esconderlos en las barrancas y los cerros para que las otras tribus no los apresaran cuando llegara ese momento, que según el Popol Vuh, causó emociones diversas, como angustia, pena, temor, alegría y regocijo.

“Inmediatamente después (del amanecer) se convirtieron en piedra Tohil, Avilix y Hacavitz, junto con los seres deificados, el león, el tigre, la culebra, el cantil y el duende”, (Recinos Trad., 1947). Cabe señalar que esto provocó el inicio de un culto distinto, aquel que incluía bailes, incienso, cultos en la montaña, es decir, establecimiento de lugares sagrados y sin duda, oraciones.

Durante aquella larga noche, en el firmamento no existían lumbreras, solo se observa la estrella de la mañana, es decir Venus. Estrella que El Chilam Balam asigna como representación de Quetzalcóatl, Gucumatz y Kukulcan. Figura mítica que sin duda era principal en Tula, de donde los mayas recibieron prácticamente toda la instrucción, quizá por ello lo idealizaban como una lumbrera, “precursora del Sol”.

En los Anales de los cackchiqueles se indica que a la realeza no le era permitido tener hijos, solo los varones que tenían esposas creadas por los dioses podían procrear. En el Popol Vuh se indica que el número de las tribus crecía, así como los sacerdotes y sacrificadores, es decir la gente del pueblo no tenía limitaciones para reproducirse.

Tampoco se menciona ni en el Popol Vuh, ni en los Anales de los cakchiqueles, que los pueblos se hayan asentado por mucho tiempo en ningún lugar antes de la aurora, no cultivaban grandes plantaciones, ni construían templos, solo caminaban buscando un buen sitio, padeciendo hambre y penas, esperando al Sol[10], por lo que podría considerarse la idea de la comparación de la oscuridad con la falta de ordenamiento político social.

Lo cierto es que los libros sagrados de los mayas son extraordinarios y dignos de muchos más estudios que permitan al ciudadano de a pie acercarse a ellos, comprendiendo, como lo hacían los ancestros, que en el pasado no había diferencia entre historia y mito, lo que permite adjuntar esta literatura al ideario popular, al menos del guatemalteco, quien debería estar mucho más familiarizado con su riqueza.

La experiencia de estudiar en forma conjunta los libros sagrados enriquece inmensamente el conocimiento sobre la literatura maya, permitiendo completar ideas que antes estaban un tanto oscuras. La diversidad de autores y narradores permite unificar criterios, pues a pesar de tener enfoques diversos, los protagonistas son los mismos, el hilo argumental también lo es, y el resultado es una visión más completa de la literatura precolombina del área de Guatemala.

Bibliografía

Alcina Franch, J. (1989). Mitos y literatura maya. Madrir: Alianza Editorial.

Bolio Trad., A. M. (1985). El Chilam Balam de Chumayel. México D. F.: Secretaría de Educación Pública, Colección Cien.

Christenson, t. A. (2003). POPOL VUH, Sacred Book of the Quiché Maya People. Mesoweb Publications.

De la Garza, M. (1980). Literatura Maya. Caracas: Ayacucho.

De la Garza, M. (2012). El legado escrito de los mayas. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.

IDIES. (2001). La cosmovisión indígena guatemalteca de ayer y hoy. Revista de Estudios Sociales No. 65, 254.

Mata Gavidia, J. (2001). Ensayos sobre el Pop Wuj : libro sagrado de los mayas. Guatemala: Ministerio de Educación.

mysticomaya.com. (6 de Abril de 2015). Mystico Maya. Obtenido de Mystico Maya: http://mysticomaya.com/

RAE. (s.f.). Buscón. Obtenido de Real Académia Española de la Lengua.

Recinos Trad., A. (1947). Popol Vuh; las antiguas historias del Quiché . México: Fondo de Cultura Económica.

Recinos Trad., A. (2006). Memorial de Sololá. Guatemala: Piedra Santa.

[1]Para citar un ejemplo concreto del alcance de esta devoción por el tiempo es resaltante lo establecido por Barrera Vásquez y Rendón en su obra El libro de los libros de Chilam Balam. Es un relato recompuesto con base en datos contenidos en los libros de Chilam Balam de Maní, de Tizimín y de Chumayel, que según los autores constituyen una sola crónica, a la que han denominado Crónica Matichu. La segunda parte de la crónica relata la historia de los itzaes, que se inicia con la llegada del grupo a Siyan Can Bakhalal, en un Katún 8 Ahau (415-435); en el Katún 13 Ahau (495-514) ocupan Chichen Itzá y, después de reinar ahí diez katunes, abandonan la ciudad, en otro Katún 8 Ahau, para establecerse en Chakanputun, en el Katún 6 Ahau (692-711); permanecieron ahí durante trece veintenas de años y volvieron a dejar su sitio de asentamiento en otro Katún 8 Ahau (928-948); anduvieron errantes durante dos veintenas más y llegan a Chichen Itzá de nuevo a fines del Katún 4 Ahau. Después de varios acontecimientos, viene un nuevo abandono de Chichen Itzá, causado por un problema político con Mayapan, y curiosamente vuelve a darse en un Katún 8 Ahau (1185-1204). Mayapan constituye una tiranía sobre Yucatán, y es destruida en el siguiente Katún 8 Ahau (1441-1461). La crónica ya no menciona los acontecimientos que siguieron a este hecho, pero por otras fuentes sabemos que los itzaes abandonaron la península de Yucatán después de la destrucción de Mayapan, para ir a establecerse en El Petén, donde fueron conquistados por los españoles 137 días antes de la llegada de otro Katún 8 Ahau (1697-1717), el 13 de marzo de 1697, y que precisamente pudieron ser sometidos porque se avecinaba el katún que siempre había significado para ellos un cambio político-social importante.

[2] Enrique Florescano y Miguel León-Portilla señalan que este nombre era empleado para designar a varias grandes ciudades del mundo mesoamericano y por lo tanto no puede ubicarse en una sola. Sin embargo, Adrián Recinos afirma que Tula, la corte de Quetzalcóatl, es la que se encuentra hoy en Hidalgo, México.

[3] Jakawitz. Witz es la palabra maya de las tierras bajas que se denomina “montaña”. En el Título Yax (Carmack y Mondloch 1989), el nombre de esta deidad es Q’aq’awitz (montaña de fuego). Esto sugiere que Hacavitz, como Tohil, es principalmente una deidad del fuego. (Christenson, 2003).

[4]  Tojil, en la lengua quiché, se refiere a un pago, deuda, obligación o tributo. (Christenson, 2003)

[5]  Y comenzando a frotar madera y piedras, los que primero sacaron fuego [fueron] los de Balam-Qitzé, Balam-Agab, Mahucutah, y los pueblos de Vukamag de ninguna manera pudieron, y entonces dijeron éstos: “Dadnos un poco de vuestro fuego”. “Dadnos, contestaron ellos, lo que hemos ganado o darnos prenda o señal.” “¿Y qué señal queréis que os demos?”, dijeron los de Vukamag. “Si os parece, dijo Balam-Qitzé, os besaremos los pechos en señal de que nos sois deudores de vuestras hijas.” “Está bien”, contestaron los trece pueblos, y dejándose besar, ratificaron el convenio. (Recinos Trad., 2006).

[6] Y nuevamente les habló su dios. Así les hablaron entonces Tohil, Avilix y Hacavitz a Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam: — ¡Vámonos ya, levantémonos ya, no permanezcamos aquí, llevadnos a un lugar escondido! Ya se acerca el amanecer. (Recinos Trad., 1947).

[7] En primer lugar quisieron tratar las tribus sobre la manera de vencer a Tohil, Avilix y Hacavitz. Y todos los sacerdotes y sacrificadores (de las tribus) dijeron ante las tribus:—Que todos se levanten, que se llame a todos, que no haya un grupo, ni dos grupos de entre nosotros que se quede atrás de los demás. (Recinos Trad., 1947)

[8] Dejad hecha vuestra acción de gracias, disponed lo necesario para sangraros las orejas, picaos los codos, haced vuestros sacrificios, éste será vuestro agradecimiento ante Dios. (Recinos Trad., 2006)

[9] Toj significa también Tojil. El pago al Creador y Formador, a la Madre Tierra y a todos los elementos; pagar por los beneficios y pruebas que nos pone la energía. (mysticomaya.com, 2015).

[10] ¡Danos nuestra descendencia, nuestra sucesión, mientras camine el sol y haya claridad! ¡Que amanezca, que llegue la aurora! ¡Danos muchos buenos caminos, caminos planos! ¡Que los pueblos tengan paz, mucha paz, y sean felices; y danos buena vida y útil existencia! (Recinos Trad., 1947)

Anuncios