José Luis Villatoro

El Popol Vuh en versiones infantiles

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El libro sagrado de los mayas ha sido motivo de estudio desde su descubrimiento en Chuilá,  Santo Tomás, Chicicastenango. Se ha discutido sus orígenes, originalidad, relevancia, contaminación con la filosofía occidental, incluso hasta su verdadero nombre, pero lo cierto es que ha trascendido el tiempo y llegado a ser ícono de la cultura maya y guatemalteca. Su viaje ha sido largo, no solo en el tiempo, sino a través de distintos soportes que le permiten llegar hasta hoy con cierta claridad.

Podría pensarse, de manera simplista, que su supervivencia se debe a las meras adaptaciones, camino que ha recorrido ciertamente desde antes de la fecha de su aparición más antigua registrada en 1550, cuando asoma al mundo occidental escrito con caracteres latinos, alejado ya de su posible pasado iconográfico, de soporte de amate blanqueado, e idioma maya iconosilábico. Sin embargo, no puede decirse, según las crónicas del mismo fraile Ximénez su primer traductor, que había sido separado totalmente de su soporte oral, aunque sí mutilado del culto ceremonial y por lo tanto del carácter sagrado de sus primeras épocas.

Por ello, es factible afirmar que la interacción de este documento con distintos soportes ha sido natural y por lo tanto clave para su sobrevivencia, incluso hasta alcanzar maneras impensadas para sus creadores, pues lo que hoy es un canal común para el Libro del consejo, hubiera sido considerado la más estupenda magia a los ojos de sus autores. La naturalidad con la que asumimos y utilizamos la tecnología, la rapidez y multitud de opciones de comunicación nos hacen pasar por alto el recorrido que este libro ha tenido.

Versionado

Las adaptaciones para el ámbito infantil han sido muchas, no variadas, pero sí suficientes para alcanzar al público infantil. Si hablamos de ellas, un purista podría alegar que el abono artístico de quien lo ha adaptado desmerece o suma al texto, o que la mediación pedagógica, que se intuye de este hecho, resta a su esencia poética.

Sin embargo, sea cual fuere el objetivo principal o naturaleza de la reescritura del texto sagrado adecuándolo para otro público, es una acción común en la literatura y no por ello demerita su valor. Tal como lo hizo Lewis Carol al adaptar sus escritos para entretener infantes, en Alicia para los pequeños.

Del mismo modo, los escritores como Nerei Cristales, o más bien Pierina Piedrasanta, Mónica Albizures, José Luis Villatoro o Lionel Méndez Dávila, toman el mito de la creación con énfasis en las distintas versiones del hombre que relata el Popol Vuh, como un pasaje de fácil adaptación y atractivo para la pequeña audiencia.

La lúdica narración original se presta para la imaginación, aislando al lector en un universo fantástico y verosímil, gracias a su similitud estructural con el mito de la creación hebrea, con el agregado del elemento representativo de la tradición maya por antonomasia, el maíz.

Al respecto de este tema, una sola frase, acuñada ha tiempo por Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz, resume para muchos el contenido del libro quiché, hito reforzado en las nuevas generaciones por la recurrencia del tema en las versiones infantiles.

Producción

Gerard Genette (1930), planteó la intertextualidad y el paretexto como parte de lo que él llamó literatura en segundo grado. De tal forma que el origen y contexto de esas adaptaciones del libro del consejo, surgidas de su esencia, son un resultado, una narración a partir de otra, que llega como novedosa al público no iniciado, como los niños, pero ineludiblemente a través de la paratextualidad.

Este es el sentido que se encuentra en algunas otras de las recreaciones dirigidas al público más joven en formatos distintos, como el cómic, que teniendo como inspiración el texto sagrado, toman personajes y pasajes para convertirlos en aventuras. Destacan, de este género, no solo el relato, sino las viñetas que conforman una forma diversa de contar la historia, pero que tan solo vuelven un poco a los orígenes, pues retoman la graficación como soporte, testimonio valioso que quedó asentado en las vasijas, estelas, bajos relieves y murales encontrados en diversos espacios del mundo maya antiguo, pero con elementos actuales, como la paleta de colores y línea gráfica convirtiéndose en un enlace con el pasado gráfico del libro.

Dentro de este rango encontramos a Ikal Umán, cómic producido por la editorial Dbuk en 2009. Este despliega una narración que se entreteje en la tradición de la creación a modo de sagas alternas, las cuales se desarrollan de manera paralela al tiempo narrativo del libro quiché, agregando personajes y ajustando sus acciones a los porqués de lo ya descrito por el Popol Vuh. Es decir, un paratexto tanto gráfico como textual.

Caso similar presenta Neopalzín, una aventura maya, de Estefanía Díaz, 2011, quien toma a un niño maya y lo coloca en el ambiente del libro quiché mezclado con palabras y tópicos actuales que no buscan ser educativos sino dar a conocer la cultura.

No debe dejarse de lado, en el sentido cultural, el aporte polifónico que las adaptaciones significan, que según Bajtín, es un elemento que permite la heterogeneidad de la comunidad, propósito más valioso aun cuando se tiene en mente un público joven. Además de ser un concepto básico de la transmedialidad, amén del grado de conexión y globalización cultural que se realiza gracias a los medios virtuales y tecnologías multimedia.

Aunque los ejemplos mencionados refieren más bien a productos textuales, es conocido que de la misma manera el contenido del Popol Vuh ha perdurado a través de todas las bellas artes, e incluso fuera de ellas. Además deben tomarse en cuenta los diversos soportes multimedia por los que se ha trasmediado su contenido, como videos, audios y documentales que se han producido con este tema y que no han sido objeto de este ensayo, pero que además, representan el canal más atractivo para las generaciones nativas de la tecnología virtual.

Transmedialidad

Según el artículo publicado por Alan Miles, Pop Book: hacia una lectura transmedial del Pop Wuj, Henry Jenkins define a la narrativa transmedial como, “un proceso donde los elementos integrales de una ficción son esparcidos sistemáticamente a través de múltiples canales de difusión, con el propósito de crear una experiencia unificada y coordinada de entretenimiento”.

La supervivencia de este texto en la mente infantil de los primeros años, o por lo menos la oferta que existe, se limita bastante al mito de la creación, por lo cual no es posible definir como una sobrevivencia de la visión cosmogónica en su totalidad, sino un resumen fantástico del libro que se ubica en la mente infantil y se refleja en la frase asturiana “hombres de maíz”, tal como lo vemos en la publicación de Pierina Piedrasanta, única disponible para la edad de 0-6 años.

Sin embargo, al aumentar la edad del público objetivo de las producciones literarias, aumenta también la complejidad de las mismas y los personajes que se presentan. Incluso versiones infantiles del texto. Encontramos entonces mayores referencias a Hunahpú e Ixbalanqué y a otros como Cabracán y la princesa Ixquic. Lo cual abona a la transmedialidad transhistórica del texto quiché, pues lo reviste de vigencia en las nuevas generaciones, aunque, de nuevo no de manera total.

Lo anterior es observable en los textos de Franco Sandoval, José Luis Villatoro y Oscar de León Palacios. Es necesario hacer la salvedad de que en la adolescencia, según la lista oficial de lecturas del Ministerio de Educación, los jóvenes deberían leer el texto completo lo cual sería ideal para cerrar el círculo de la tranmedialidad transhistórica, pero esto siempre queda a discreción del profesor a cargo. (Lo cual también ser refleja en la usencia de una versión institucional y oficial, perteneciente a una colección de libros guatemaltecos básicos, de rigor obligatorio y gratuito para los estudiantes, por lo menos del sector público)

Tampoco puede negarse la interactividad que tiene el texto, pues los profesores que designan, dirigen y evalúan la lectura, así como padres, cuentacuentos o narradores que intermedian entre el texto, su producción paratextual y el niño, se constituyen en el canal o medio que actualiza el conocimiento, que se concreta el hecho transmedial.

Los enlaces en la red, que hacen las veces de verdaderos canales del mensaje y por lo tanto, el mensaje mismo, al alcance de cualquier espectador, se hayan con solo realizar una búsqueda. El resultado serán una serie de imágenes, videos, audiolibros, conversatorios, documentos en formato PDF de las distintas versiones más difundidas del texto y toda clase de información sobre el libro sagrado. Sobresaliendo para los pequeños, una serie de videos producidos, en su mayoría por instituciones mexicanas.

Conclusiones

La interrelación de contenidos transmediales en las etapas de la infancia, no se realiza de la misma forma para todos, pues es en distintos sitios en donde los menores aprenden acerca del Popol Vuh, sin embargo, podemos mencionar el teatro, videos, información escolar, obras de títeres y otros medios de difusión, lamentablemente ocasionales y no sistematizados a los que los menores están expuestos según su entorno.

La transmedialidad del libro quiché para el público infantil es una realidad, aunque lamentablemente el material que existe no tiene énfasis en el elemento transhistórico, cosmogónico, teogónico, y político, sino en el aspecto literario.

El Popol Vuh no solo ha logrado la tranmedialidad por medio de las bellas artes, sino además por las nuevas tecnologías multimedia, lo cual lo acerca eficazmente a las nuevas generaciones y garantiza en alguna manera su supervivencia.

La educación sistematizada podría ser un agente importante para la difusión transhistórica y transmedial del libro sagrado en la edad infantil, pues tiene todo el andamiaje para tal propósito.

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