obsidiana

La obsidiana, el ocote y la jícara

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Obsidiana o piedra de rayo.

Fue un hallazgo extraordinario el de aquella veta de obsidiana. Escarbábamos con un machete en el matorral, en busca de coyotillos – tubérculos de una yerba silvestre, parecidos en el sabor y en la presencia, a la almendra del coyol – cuando la punta del acero chocó contra una cosa durísima, que no sólo cedió sino melló el filo de la hoja.

Tebalán nos observaba. Luego vino a buscar con los dedos entre la tierra removida y a poco sacó un trozo de obsidiana del suelo. En cuanto le quitó el barro y lo limpió en el agua, pudimos ver que se trataba de un bello pedernal como de vidrio oscurísimo, poliédrico, con apagados reflejos de acero. Las manos de Tebalán siguieron extrayendo trozos de diversos tamaños y figuras, siempre en facetas lisas.

-Es el chay-abaj- nos informó pasado un momento-. Aquí taparon el camino pa´l Xibalbá, por eso hay chay-abaj; por eso es.

Nosotros ya conocíamos el pedernal, pero en fragmentos pequeños y no en tal cantidad. Las gentes, cuando se topaban en las goteras o en cualquier parte con una esquirla de obsidiana, decían que era “el chay” o la “piedra del rayo”. Se entendía que esos fragmentos eran los que se desprendían ardiendo del cielo cuando caía la centella; el lugar en que uno se topaba con la esquirla era, indudablemente, el tocado por el rayo al tocar el suelo.

-Son tus mentiras- increpamos a Xuan Ralios Tebalán, pues presentíamos que estaba tratando de engatusarnos-: esa piedra se llama chaye y es la piedra del rayo.

-¡Porque sos ladino, decís eso, patrón! El chay-abaj así llamado, es la piedra del rayo, eso lo miramos los naturales y lo miran los ladinos; pero sólo los naturales miramos que ´onde hay chay-abaj y ha caído el rayo, es que se tapó el camino pa´l Xibalbá. A los naturales, verdaderamente, nos da miedo cuando cae el rayo y se entierra el chay-abaj en la tierra y se tapa´l camino de Xibalbá; verdaderamente que nos da miedo, porque cuando se tapa´l camino a Xibalbá, quiere decir que los naturales están pecando, patrón.

-¡En pecado! ¿En pecado?

-¡Quién sabe, patrón! Cuando el natural le pega con el machete al natural y lo mata, entonces sí se muere el natural y es gran pecado; y al natural que le pegó con el machete al natural pa´matarlo y lo mata, se le cae la cabeza, se le pone grandota la cabeza, se le queda la cabeza hueca, patrón; la cabeza se le vuelve jícara. Las jícaras son cabezas de naturales que mataron a naturales, verdaderamente, que ansina es.

-¡Las jícaras son cabezas! –Y el horro subía como agua helada por nuestras espaldas.

-Cuando el Tata lo mira que el natural mató al natural, se pone bravo, agarra la raja de chaj –ocote- y prende el rayo allá arriba. El chaj se vuelve tizón cuando lo agarra el Tata, porque adentro del chaj´stá el fuego; entonces el Tata prende su cuete, prende su rayo allá arriba y lo tira, tira el chay-abaj prendiendo y se tapa´l camino del Xibalbá. Da miedo, verdaderamente, cuando la Tata tiene su chaj y lo tira pa´l suelo.

-¿Y por qué Dios sólo tiene una raja de ocote para encender el fuego? ¿No tiene candelas Dios? ¿Por qúe no tiene fósforos?- Sólo los ladinos miran que el Tata tiene candela y tiene fósforos. Patrón; nosotros los naturales miramos que el Tata tiene su chaj, su raja de ocote colorado, El chaj es el fuego, patrón.

-¡El ocote es el fuego! Puras mentiras tuyas, Xuan. Ni que no conociéramos el ocote; lo sacan del pino y en la casa tenemos muchas rajas. Hemos visto cuando la cocinera coge los fósforos para encender la rajita de ocote y con la rajita prende después la leña.

-Chaj es el fuego. Como sos ladino mirás que la cocinera prende el fósforo, pero no mirás que el palo del fósforo es rajita de ocote y por esto tiene el fuego adentro. Contimás que el chaj es colorado, porque tiene el fuego adentro. En la raja del chaj´stá dormidito el fuego, pero eso no lo miran los ladinos. Da miedo mirar el fuego dormidito entre la raja del ocote, verdaderamente.

Nos explicó en seguida que, en realidad, cuando Dios encendía con el ocote el pedazo de obsidiana, ésta no era tal obsidiana, sino una raja de ocote y que cuando se enterraba en el suelo al caer, se volvía carbón. La prueba de que la obsidiana era un trozo de carbón era su color negro; la obsidiana pues, era una raja de ocote carbonizada… Explicó que el pino, de donde se extrae el ocote, en realidad no es un árbol, sino una llamarada dormida. ¿No habíamos visto a los pinos cabeceando en la loma, con un susurro como si estuvieran roncando? Y luego dijo que dios en la mañana cogía su manojo de rajas de ocote y entonces amanecía y salía el sol.

-El sol no es sol, pero eso sólo lo miramos los naturales; el sol es una raja de chaj prendido por el Tata allá arriba. Da miedo verdaderamente, cuando el Tata prende la raja grande de ocote y la pone en la punta de la loma.

-¿Y cómo sube?

-La va subiendo el Tata, patrón, la va subiendo. Y cuando llega al otro lado, l´echa el juelgo y apaga el chay y se vuelve todo oscuro.